pix

Menú de Temas

En el lado derecho de la página hallas el menú de temas organizado por secciones para una fácil navegación y ubicación de los temas buscados.
Comienza ya a disfrutar del material

Sala de Lectura

El misterio de los trastornos sexuales de las almas

Está escrito: «Vestimenta masculina no portará la mujer y el hombre no vestirá ropa de mujer, pues todo el que lo haga comete una abominación contra El Eterno, tu Dios» (Deuteronomio 22:5).

Se advierte a través de esta ordenanza a las mujeres no vestir prendas de hombres, o que se ornamenten con atavíos propios de los hombres. Y asimismo se advierte a los hombres que no se ornamenten con atavíos propios de las mujeres.

Ha de considerarse que esta acción mediante la cual las mujeres se ornamentaren con atavíos de hombres, o los hombres con atavíos de mujeres, pueden despertar el instinto hacia la depravación (Maimónides, Sefer Hamitzvot).

Los sabios cabalistas relacionan este precepto bíblico con los trastornos sexuales de las almas.

Para comprenderlo ha de observarse lo que Bat Sheva -Betsabé- dijo a su hijo Salomón: «No des tu fuerza a las mujeres» (Proverbios 31:3). En la exégesis Metzudat David se explica lo que ella le quiso decir con estas palabras: «No debilites tu fuerza a través de copular reiteradamente con las mujeres. Pues el abuso de las relaciones sexuales debilita la fuerza del hombre y tonifica a la mujer, y es como si el hombre otorgase de su fuerza a la mujer».

Rabí Yosef Jaim explicó que a través de esta frase Bat Sheva le dijo a Salomón: «No cometas una falta a través de la cual debas reencarnar en mujeres, siendo tú un hombre» (Od Iosef Jai sección Ki Tetzé).

Es decir, existen faltas que al cometerlas un hombre se torna obligado a reencarnar en mujer. O sea, conservará en su alma la naturaleza de hombre, pero habitará en el cuerpo de una mujer.

Esta es la explicación: las almas de los hombres que fueron insensatos en la Tierra y violaron las leyes de la Torá, pueden volver a encarnar en otros cuerpos -guilgul- para rectificarse. En tanto las almas de las mujeres pueden ingresar ocasionalmente a cuerpos que posean otra alma -ivur-. A esto se refiere lo que está escrito: «Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece» (Eclesiastés 1:4). La declaración: «Generación va, y generación viene», se refiere a los hombres, los cuales aunque hubiesen estado en la generación anterior, en ocasiones vuelven a reencarnar en la generación siguiente. «Mas la tierra», es decir, la mujer, que se embaraza y produce frutos como la tierra, «siempre permanece», es decir, no vuelve a reencarnar.

El hombre debe reencarnar en caso de merecerlo porque el estudio de la Torá que realizó en la Tierra le impide ingresar al Infierno para rectificarse. En cambio la mujer, no tiene ese impedimento, y puede ingresar, en caso de ser necesario, para rectificarse.

No obstante, existe la posibilidad de que el alma de una mujer vuelva al mundo y se introduzca en el cuerpo de una mujer que posee otra alma. Y si esa mujer concibe una hija, es posible que esta alma femenina que se introdujo en la mujer pase a la hija y se convierta en el alma de ella, produciéndose así una encarnación completa del alma de una mujer. Es decir, las mujeres no reencarnan directamente, pero pueden introducirse en cuerpos que posean un alma y después convertirse en una encarnación absoluta.

Asimismo, es posible que el hombre encarne en un cuerpo de mujer por haber cometido una falta especifica en su vida anterior. Por ejemplo, la práctica de la homosexualidad. Y también puede acontecer este fenómeno con el hombre que en su vida anterior tuvo la posibilidad de hacer el bien a los pobres, o a un individuo afligido, o apesadumbrado, y no lo hizo. Y también cuando se abstuvo de ayudar económicamente a otros, o si era sabio, conocedor de la Torá, pero no quería enseñar a otros. En todos estos casos, el hombre puede reencarnar en cuerpo de mujer. Pues el hombre que en vida no quiso dar a los demás, ha de reencarnarse en mujer, que por naturaleza recibe, tal el caso del embarazo, el hombre le otorga la semilla y ella la recibe y la fecunda.

Ahora bien, esta mujer, que contiene la reencarnación de un alma masculina, no puede embarazarse y quedar preñada. Pues no posee la irradiación de la fuente femenina necesaria para fecundar la gota seminal proveniente de la fuente masculina. Ya que no sólo se requiere que el sistema físico esté sano y completo para engendrar, sino también el espiritual, que fertiliza esencialmente al material. Por lo tanto, esta mujer que posee un alma masculina necesita un gran mérito para poder embarazarse y quedar preñada. Y la única posibilidad para que esto ocurra sería que se introduzca en ella otra alma femenina. Así podrá asociarse a su sistema y generar la irradiación de la fuente femenina necesaria para fecundar la gota seminal proveniente de la fuente masculina. Entonces podrá embarazarse y quedar preñada.

Aunque mediante este proceso esta mujer no podrá dar a luz hijos varones. Y esto se debe a dos razones: por un lado, está escrito: «Una mujer cuando ovule y de a luz un varón» (Levítico 12:2). Es decir, para concebir un varón, es necesario que una mujer produzca la ovulación, antes de concretarse la emisión seminal del hombre. Pero en este caso, la mujer –su alma- es de sexo masculino, como su marido, y no puede engendrar varones, solamente mujeres.

La segunda razón es esta: esa alma de mujer que ingresó en ella no es su alma raíz, sino que ingresó a ella para ayudarle a embarazarse y quedar preñada. Y cuando esa mujer diere a luz, esa alma que ingresó ya no tiene más nada que hacer en su interior. Por eso, al concebir, esa alma que había ingresado a la mujer se introduce en el feto, resultando que éste nacerá con sexo femenino, y no, masculino. Entonces se convierte en una reencarnación -guilgul- y deja de ser un alma que ingresó a un cuerpo ocasionalmente -ivur-.

Resulta que toda mujer que tuviese un alma masculina no podrá dar a luz un hijo varón, sino únicamente una hija. Y esa alma de la hija que dará a luz será la misma alma que ingresó a la mujer para ayudarla a quedar preñada y concebir.

Aunque existen casos excepcionales donde merced a un mérito extraordinario es posible que al concebirse el feto, el alma femenina que había ingresado a la mujer que poseía un alma masculina se retire, e ingrese en el feto un alma masculina. En ese caso, el hijo de esta mujer nacerá varón (Shaar Haguilgulim Hakdamá 9).

  Volver a Inicio
--------------------
 

 

Energía del Nombre

pix

El nombre propio es el ente que capta la energía cósmica a través de las letras que lo integran y la proyecta sobre la persona. Esa energía es determinante en la formación, el forjado, y el desarrollo de la personalidad, como así todas las cualidades y capacidades innatas.

Enviar un nombre

Atributos

Es importante conocer el medio que permite captar la energía suprema a través de la voluntad. Y ese medio son las letras hebreas, con las que fue creado el mundo, y por ende, todas las almas, y también los nombres propios.

Contacto

Contactar con nosotros es muy fácil. Y nos es muy grato recibir vuestras cartas. Por eso, he aquí varias opciones para contactarnos.

ad ad ad

E-mail: contacto@hebraicadigital.com