¿Sabías Qué...?

¿Sabías Qué...

la Torá lo protegió? 

Rabí Akiva era un gran erudito que empezó a estudiar Torá a los cuarenta años de edad. Luego de veinticuatro años de abocarse al estudio en forma intensiva, poseía veinticuatro mil alumnos.

Uno de los alumnos más destacados de Rabí Akiva, que se sentaba en la primera fila, a la cabeza de los veinticuatro mil alumnos, experimentó un suceso inédito. Una vez salió al mercado de las meretrices, es decir, las mujeres que intercambian con los hombres un romance efímero por dinero. El discípulo divisó en aquel lugar una meretriz que le llamó la atención y la deseó.

Tras este episodio, el alumno encomendó a un emisario que haga el contacto con la meretriz, para que pueda estar con ella. Procedió de esta misma forma hasta el atardecer. Cuando caía la tarde, la meretriz subió al techo de la academia donde este discípulo estudiaba. Dirigió su mirada en dirección a los estudiantes, y divisó al alumno que la pretendía, el cual estaba sentado a la cabeza de los demás alumnos, como si fuere un capitán de ejército. En tanto el ángel Gabriel se hallaba de pie a su diestra.

Al contemplar esta escena, la meretriz en forma instantánea se dijo interiormente: “Ay de esta mujer, que todo tipo de castigos del Infierno le esperan. ¿Acaso un hombre tan grande como este, que se asemeja a un ángel, yacerá con esta mujer? Siendo así, cuando muera y deje de existir en este mundo heredaré el Infierno. En cambio si no le aceptare la propuesta, he aquí lo salvaría a él y a mi misma del juicio del Infierno”. Y luego de esta reflexión, regresó a su morada.

Cuando el discípulo se dirigió a ella, le dijo: “Hijo mío: ¿por qué pierdes el Mundo Venidero a cambio del goce de un efímero placer en este mundo?”.

Pero pese a esta advertencia de la meretriz, el deseo del alumno no se aplacó.

Ell le dijo: “Hijo mío: el lugar que tu deseas es el más sucio de todos los miembros del cuerpo, a tal punto que ninguna criatura puede oler el aroma que despide”.

Sin embargo, aun después de esta advertencia el deseo del alumno tampoco se aplacó.

Finalmente la meretriz lo tomó por la nariz, y lo hizo oler el aroma que despedía el “féretro”.
Tras oler, inmediatamente el alumno sintió repugnancia. Tras este hecho el discípulo quedó afectado y no contrajo enlace con ninguna mujer.

Salió un eco celestial que dijo: “La mujer zutana y el hombre zutano, están preparados para entrar al Mundo Venidero”. (Tana Dbei Eliahu zutá 22:9)

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