Sección Kabala

Kabala

Edición en español del libro Zohar

Introducción general al estudio de la Cábala

LOS ELEMENTOS COMPONENTES DE LA FORMA

Elementos de la forma:

nefesh, ruaj, neshamá, jaiá y iejidá

Dijimos anteriormente que la forma es la esencia de todo ente y que el Creador fijó la forma apropiada para cada uno de ellos de modo tal que éste pueda cumplir la función para la que fue creado.Ya que el hombre es lo principal de la creación, debe cumplir roles superiores al del resto de las criaturas, y es por eso que su forma es superior a la de los demás.

Si nos compenetramos en la forma humana reconoceremos dos dimensiones, por un lado la vital y por el otro la dimensión intelec-tual y emocional. Las funciones de la dimensión vital no difieren esencialmente de las funciones que realizan los animales, y por eso la forma en esta dimensión se asemeja a la de ellos. Por contrapartida, el alma humana contiene todos los poderes que caracterizan al hombre como una criatura hecha a Imagen de Dios, dotado de libre albedrío, y a quien se delegó el papel de corregir el mundo bajo el Reinado Divino.

Los Sabios de la Cábala adjudican nombres a los elementos constituyentes de la forma humana: nefesh, ruaj, neshamá, jaiá y iejidá.

El nefesh es el poder espiritual más bajo entre los cinco niveles nombrados, es el responsable del funcionamiento de la dimensión vital, y es también quien la activa. Los Sabios cabalistas sostienen que el hígado simboliza el nefesh, y le sirve por habitat.

El ruaj es el poder espiritual siguiente, y el «responsable» del aspecto emocional del hombre y de su carácter. El ruaj es el poder que despierta los deseos, las pasiones, las aspiraciones y de hecho todas las cualidades del hombre. La capacidad de elegir entre el bien y el mal, así como todos los detalles de la acción están ligados al ruaj. El corazón simboliza al ruaj, y le sirve por habitat.
La neshamá es el poder espiritual–intelectual que guía al ser humano. Su función es la de orientar y corregir las características negativas, sobreponerse a las bajas pasiones y encausar los poderes personales hacia el servicio Divino. La mente simboliza a la neshamá y le sirve por habitat.

Con relación a los niveles de jaiá y iejidá, los cuales representan poderes espirituales de muy alto nivel, nos referiremos a continuación.

La conexión entre nefesh, ruaj y neshamá

Neshamá es el nombre genérico que incluye todos los elementos componentes de la forma humana, es decir, que éste término es uti-lizado muchas veces en forma general, en referencia al alma gene-ral, incluyendo al nefesh, ruaj y neshamá. Habiendo ya definido las partes de la neshamá, veremos que en realidad los niveles nefesh, ruaj y neshamá constituyen una unidad.
El nefesh activa y controla tanto los órganos internos como los externos, pero él no actúa como un ente independiente sino que está dirigida por el ruaj. Sabemos, por ejemplo, que las funciones de nues-tro organismo están influidas por nuestro estado de ánimo (enojo, compasión, etc.) ligado al ruaj. Pero también el ruaj está controlado por el intelecto, ya que, según la Cábala, es éste quien decide si amar u odiar. Aquel que sirve a Dios de un modo íntegro es aquel cuya mente dirige y controla sus emociones y que a su vez somete su aspecto físico al servicio de su Creador.

Jaiá y iejidá

Hablamos por un lado acerca del nefesh y por el otro del ruaj y la neshamá, quienes caracterizan al hombre como poseedor de libre albedrío. Anexos a estos poderes espirituales que se encuentran inte-

rrelacionados en lo más interno de la persona –en la mente, el cora-zón y el hígado– se encuentran otros poderes espirituales, más excel-sos aún. Mas precisamente debido a su elevado nivel no existen en el cuerpo recipientes para contenerlos y entonces circundan al hombre y son denominados «or makif» (luz circundante), en contraposición al nefesh, ruaj y neshamá, conocidos como «or pnimi» (luz interior).

Todo ser humano tiene la posibilidad y la capacidad para elevarse siempre más y adquirir luces espirituales superiores por encima de las que posee, y esto se hace posible a través del cumplimiento de los preceptos Divinos.

Nefesh, ruaj y neshamá: particularidad y generalidad

El mundo en su totalidad es en espejo de la fisonomía humana. Todo lo que existe en el universo existe también en el hombre, y por eso los Sabios describen al hombre como un «mundo en minia-tura», llegando también a categorizarlo con el nombre de «Adam de Briá, Adam de Ietzirá, Adam de Asiá» (hombre de Creación, Formación y Acción) lo cual hace referencia a los distintos mundos espirituales.

Así como la realidad entera se puede dividir en tres «mundos» denominados Creación, Formación y Acción, podemos también reco-nocer esos tres niveles en cada mundo particular y en cada hombre por separado.

Para resumir, estamos hablando de tres tipos de nefesh, ruaj y ne-shamá: 1) nefesh, ruaj y neshamá particulares de cada individuo, 2) nefesh, ruaj y neshamá generales, en cada mundo y 3) nefesh, ruaj y ne-shamá en toda la realidad, compuesta por los Mundos de CREACIÓN, FORMACIÓN y ACCIÓN generales.
Las sefirot como recipientes del nefesh, ruaj, neshamá, jaiá y iejidá
Sobre la base de lo explicado hasta aquí podría parecer como que las luces del nefesh, ruaj y neshamá no tuvieran el mismo nivel o valor, pero realmente no es así. Nefesh, ruaj y neshamá son la luz Divina misma, cuyo origen es la Luz Infinita y las luces de estos tres niveles son el componente sustancial de la misma.

De igual modo la luz del nefesh, del ruaj y de la neshamá es una –la sustancia de la Luz Infinita– y las pantallas que disminuyen su inten-sidad son las sefirot. Ellas, las sefirot, son los recipientes a través de los cuales pasa la luz del Ein sof, Infinito, y cuanto más «gruesa» sea la sefirá, más tenue será la luz que pase a través de ella, y su luz será de inferior intensidad.

La sefirá de maljut (reino), es la pantalla más «gruesa» de todas y oculta la fuerza de la luz que contiene. Por eso se denomina nefesh a la luz que resplandece desde la sefirá de maljut, y es responsable de las acciones elementales del organismo humano. Es así como la sefirá de maljut simboliza al nefesh general.
La sefirá de tiferet (belleza) es considerada como un recipiente más refinado, desde el cual resplandece una luz más elevada denominada ruaj. De modo que la sefirá de tiferet simboliza al ruaj general.

La sefirá de biná (entendimiento) es más pura aún, y la luz que emerge de ella es denominada neshamá. La sefirá de biná simboliza a la neshamá general.
De la sefirá de jojmá (sabiduría) emerge el resplandor de la jaiá, mientras que la iejidá emerge de la sefirá de keter (corona). Hallamos que las sefirot (de los mundos de la CREACIÓN,FORMACIÓN y ACCIÓN) son los instrumentos que nos permiten revelar y transmitir la sustan-cia de la Luz Infinita a las criaturas de esos mundos. Ya que existen diez sefirot en cada uno de los mundos (diez en el MUNDO DE LA ACCIÓN, diez en el de la FORMACIÓN y diez en el de la CREACIÓN), encontramos nefesh, ruaj y neshamá en cada uno de ellos. Siendo las diez sefirot del MUNDO DE LA FORMACIÓN superiores y más refinadas que las diez del MUNDO DE LA ACCIÓN, resultará que el nefesh, ruaj y neshamá del MUNDO DE LA FORMACIÓN serán de nivel superior a los del MUNDO DE LA ACCIÓN.

Similarmente el nefesh, ruaj y neshamá del MUNDO DE LA CREACIÓN son superiores a estos niveles en el MUNDO DE LA FORMACIÓN.

La Voluntad Divina se conecta con sus criaturas a través de sus almas

La voluntad es parte de la esencia del poseedor de la misma.Y es por eso que la voluntad del Creador, es la esencia de todo, síntesis de toda la Creación. El Creador quiso que Su voluntad se revelara a Sus cria-turas para que éstas supieran cómo servirlo y cómo apegarse a Él, para finalmente corregir el mundo bajo Su reinado ya que éste es el propósito de toda la Creación.

El Creador otorgó a cada criatura medios especiales para «captar» la luz Divina que emana de la esencia del Infinito. La «antena» capaz de captarla es la neshamá, el alma humana.

La neshamá es la esencia espiritual –mental, aunque poseedora de una realidad concreta– cuyo rol esencial es «conquistar sus deseos y dedicarse al servicio Divino». Cuando la neshamá logra cumplir su función, recibe una iluminación espiritual e intelectual adicionales de mayor nivel, y es así como se eleva y se perfecciona, convirtiéndose en una «antena» cada vez más sensible.

El grado de aprehensión y apego del hombre al Creador depende del nivel de su neshamá. El anhelo de apegarse al Creador proviene del hecho que la neshamá, parte inherente a Dios, desea retornar a su fuente de origen. Mas cuando el hombre fortalece sus instintos y se rige por las pasiones, reprime a su neshamá y con esto desaparece también su anhelo de retornar a su lugar espiritual de origen. Si, por el contrario, se sobrepone a los instintos corporales y consigue reple-gar su voluntad a la del Creador, se intensifica la fuerza de la neshamá y se fortalece la voluntad de apegarse a su raíz. En el lenguaje cabalís-tico decimos que si un hombre logró conquistar su pensamiento, su habla y sus acciones para dedicarse al servicio Divino, convierte a su cuerpo en carruaje de la divinidad, el mismo que logran los hombres justos dispuestos a entregar sus vidas al servicio del Creador.

Vemos aquí que la neshamá funciona en dos planos: 1) guía al cuerpo, orientándolo hacia el servicio divino (esto se efectúa del siguiente modo: la neshamá guía al ruaj y el ruaj al nefesh). 2) se conecta con el Creador y recibe la sustancia de la Luz Infinita.

La lógica de todo esto reside en que la neshamá es en sí misma sustancia de esta Luz, y por eso sólo ella puede recibir una iluminación adicional de la misma fuente.

Debemos comprender que la esencia de la Luz Infinita, tal como se manifiesta y emerge desde su propia fuente, es tan elevada y subli-me que ningún ser humano puede alcanzar este nivel, independien-temente del nivel de neshamá que posea.
Dado que El Creador quiso revelar Su Divinidad y que esta sea accesible al ser humano, contrajo Su luminosidad contracción tras contracción, creando una realidad formada por distintos niveles espi-rituales concatenados unos con los otros. Debido a estas contraccio-nes cada nivel es inferior a su predecesor. Esta cadena responde a la relación causa y efecto anteriormente mencionados, de quien la Luz Infinita es la causa primera.

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Nota: La edición en español del Zohar, de Editorial Obelisco, puede conseguirla en la librería más próxima a su domicilio.


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