Sección Kabala

Kabala

Edición en español del libro Zohar

Introducción general al estudio de la Cábala

El PODER DIRECTIVO – HANHAGÁ – Y LA PROVIDENCIA – HASHGAJÁ
El significado del término hanhagá en la Cábala

En el lenguaje cotidiano un líder –manhig– es un hombre que guía a otros hacia una meta determinada y el Poder Directivo –hanhagá– es la cualidad que caracteriza al líder. En la terminología cabalística, el Poder Directivo, tiene un sentido más amplio. Cuando decimos que el Creador dirige su mundo, estamos diciendo que Él abastece al mundo con todo lo necesario y que completa todo carencia.

En la Cábala, el Poder Directivo representa una dimensión espiri-tual, ya que el mismo se ejerce por medio de las sefirot, las cuales actúan a nivel espiritual. Las sefirot «conforman» las raíces de la rea-lidad material creada ex nihilo. Sin las raíces espirituales no tendría existencia la realidad material.

Existen tres tipos de Poder Directivo: a) de la bondad (jesed), b) del juicio (din) c) de la misericordia (rajamím).

Cuando decimos que el Creador dirige a su mundo con bondad, nos referimos a que las sefirot de la línea de la bondad, de la línea derecha, son las predominantes; éstas son las responsables de sentar las raíces espirituales que vitalizan y sostienen a la realidad material. Tras asentarse estas raíces, un poder de iluminación especial las lleva de la potencia al acto. Estas raíces, que fueron formadas bajo la direc-tiva de la bondad, son manifestaciones de la voluntad del Creador de dirigir a su mundo con benevolencia. La diferencia entre el Poder Directivo de la bondad y el del juicio reside en que, cuando se entre-ga la directiva a las sefirot de la línea del juicio, la línea izquierda, la cantidad y calidad de las raíces espirituales serán inferiores y de menor grado que las del Poder Directivo de bondad. Como resulta-do de esto la realidad material que no es más que la «traslación» de dichos poderes espirituales, también será menor en cantidad y calidad.

Estamos hablando de dos tipos de «abundancia» que llegan a los seres creados:
Abundancia espiritual, que es la totalidad de las luces emergentes de las sefirot.
Abundancia material, creación ex nihilo, que es la traslación de dichos poderes espirituales para el usufructo del hombre.

En contraste con el hombre que necesita convertir la abundancia espiritual en material, hay criaturas más elevadas, como por ejemplo los ángeles, que no necesitan nada material, ya que carecen de cuer-po, y la abundancia que les llega de las sefirot es puramente espiri-tual.
A continuación nos referiremos a la relación existente entre los distintos tipos de Poder Directivo y las sefirot.

El Poder Directivo en las sefirot jesed, gevurá y tiferet

A pesar de que el Poder Directivo del mundo se divide en diez sefirot, las mismas se subdividen en tres categorías principales: a) la de la bondad, b) la del juicio, c) la de la misericordia. Y si bien estos tres

tipos se adaptan a las sefirot de jesed, gevurá y tiferet, los Sabios caba-listas que recibieron su sapiencia del profeta Elías, nos enseñaron que durante los seis mil años de existencia del mundo los seres humanos no lograrán adaptarse a estas tres categorías, debido a su bajo nivel espiritual.

La explicación es la siguiente. Como la esencia de la bondad es brindar generosamente, sin límites, se necesita un enorme nivel espiritual para sobreponerse al instinto que inclina al individuo a apro-piarse de la abundancia material y espiritual provenientes del Poder Directivo del jesed, en lugar de dirigirlo por completo al servicio del Creador.Ya que durante los seis mil años no logramos los medios para recibir todo este bien, el resultado inevitable ha de ser olvidarnos de Quién nos lo proporcionó, tal como está dicho: «Y Ieshurún engordó y luego pateó» (Deuteronomio 32:15).

Por otro lado, el mundo no puede soportar la severa crítica que caracteriza al Poder Directivo del juicio. E incluso el Poder Directivo de misericordia, que es el Poder Directivo verdadero en su mayor esplendor, no se adapta a las criaturas que no han llegado aún al nivel de la verdad. Por consiguiente, vemos una realidad por espacio de seis mil años, en la que ninguno de los tres principios rectores (bondad, juicio y misericordia) se adapta. Es por eso que el Creador emanó para este período un Poder Directivo combinado entre las sefirot de netzaj, hod y iesod y las sefirot de jesed, gevurá y tiferet, creando un tipo par-ticular de conducción adaptado a este tiempo.

La división de las diez sefirot y el Poder Directivo

La característica de la sefirá de keter es la abundancia de bondad y misericordia ilimitados para con lo creado, sin importar los méritos del receptor. Al respecto escribe el Talmud: «Mostraré compasión cuando elija mostrar compasión» a pesar de que no lo merezca (Tratado Berajot 7a). Desde este punto de vista, tanto la sefirá de jojmá como la de biná representan una gran nivel de bondad, debido a su alto nivel espiritual. En otras palabras, cuando el Creador dirige su mundo a través de las sefirot de keter, jojmá y biná, una gran abundancia viene al mundo, sean sus criaturas merecedoras o no. Y aun-que la biná sea la raíz de la línea izquierda, los juicios sólo provienen de la sefirá de gevurá. La biná, por formar parte de las tres sefirot pri-marias, es poseedora de bondad y misericordia absolutas.

Lo que caracteriza a las tres primeras sefirot es la cualidad de influir el bien en abundancia sin discriminar entre el justo y el malvado. Mas la sefirá de jesed, cuya cualidad es proporcionar generosidad en abun-dancia, la otorga sólo a quién la merece. La sefirá de gevurá se carac-teriza por su limitación y restricción, y éste es el juicio en que se sen-tencia a cada uno de acuerdo a sus actos.Tiferet es la sefirá que media entre jesed y gevurá, pero tiende más a la derecha, hacia la bondad.

La cualidad de la sefirá de netzaj es la de guiar de acuerdo a la bon-dad –jesed–, pero no según la bondad pura sino integrada con el jui-cio. Por ejemplo: cuando un hombre es castigado y considera que se le ha hecho un mal, a este Poder Directivo se lo denomina «un hom-bre justo que está sufriendo» –tzadik verá lo.Y si preguntamos: ¿Qué clase de bondad es esta? La respuesta es que El Eterno hace un gran bien con él, porque, como quiere beneficiarlo posteriormente, lo cas-tiga en este mundo para expiarlo y quitar toda inculpación hacia él; así podrá recibir el bien eterno en el mundo por venir. Este es un ejemplo de la bondad integrada con el juicio.

La cualidad de la sefirá de hod es el juicio integrado con la bon-dad, y un ejemplo de esto es «un hombre malo que prospera», –rashá vetov lo. Al malvado le parece que le están haciendo un bien, pero la verdad es que lo que está recibiendo es la retribución a los pocos méritos que obtuvo en este mundo; lo que de verdad se merece lo recibirá en el Mundo Venidero. Este es un ejemplo del juicio integra-do con la bondad.

La sefirá de iesod es la que media entre las sefirot de netzaj y hod, pero se inclina hacia la izquierda.

Vemos que el Poder Directivo de estas seis sefirot –jesed, gevurá, tiferet, netzaj, hod y iesod– se realiza de acuerdo al comportamiento humano, y por eso al Poder Directivo de estas se lo denomina «el Poder Directivo de la justicia». Frente a este, la directiva de keter jojmá y biná es absolutamente independiente de las acciones humanas.

La característica de la sefirá de maljut es recibir de las sefirot y supervisar a las criaturas, para revelar el reinado Divino en el mundo.

La sefirá de maljut – conexión entre el Creador y Sus criaturas

El objetivo de la creación es revelar la unidad del Creador. Para lograr-lo El Eterno quiso que Su presencia y providencia se extendieran sobre sus criaturas. En otros términos, el Creador quiso que las cria-turas, poseedoras de libre albedrío, supieran que existe una realidad espiritual que las conecta con el Creador y que todas sus acciones traen aparejadas una reacción apropiada en los mundos superiores. La realidad espiritual que conecta entre las criaturas inferiores y su Creador es denominada Shejiná, la Divina Presencia, lo cual implica que el Creador habita entre ellos.

En términos de sefirot, la Shejiná es la sefirá de maljut. Ella capta el servicio a Dios que realizan los hombres, y transmite lo que recibió a la sefirá de iesod que se encuentra por encima de ella.

Debemos recordar que, la mano que se mueve, la boca que habla y el cerebro que piensa, son meros instrumentos, ya que la esencia del acto, del habla y del pensamiento es el alma humana. El alma de cada persona en particular es la esencia misma del Infinito, la «represen-tante Divina» en el hombre. Aquí podemos comprender cómo el ser-vicio a Dios, que es una labor física, recibe significado espiritual de Santidad y pureza. De hecho, lo que hace el alma humana es «tradu-cir» las acciones físicas a valores espirituales. La sefirá de maljut per-cibe el servicio a Dios a través del alma.

Si durante el cumplimiento de los preceptos «físicos» (como ser el ponerse las filacterias – tefilín) logramos unir el pensamiento a la entrega y dedicación que acompañan al precepto, ese acto no será un mero acto físico sino una acción que vitaliza al alma, la «representan-te Divina». Aquí actúa la sefirá de maljut y traduce la acción del pre-cepto, que es la voluntad del Creador, en valores espirituales que se elevan así al grado de la sefirá de iesod.

El Poder Directivo –hanhagá– y la providencia –hashgajá

Debemos distinguir entre dos dimensiones, cuya esencia difiere: el Poder Directivo y la providencia.

La providencia es la supervisión del Creador, la cual recompensa a los hombres justos y castiga a los impíos. Por otra parte, las reglas de cómo, cuánto y de qué manera habrá de pagarse, son estipulados por el Poder Directivo.
Hay veces en que el Creador dirige a Su mundo con extrema bon-dad, hasta el punto que perdona a los malvados, y a veces rige a Su mundo haciendo extremo juicio, de modo que hasta los justos son castigados. Otras veces guía a Su mundo bajo la línea media. Estos tres ejemplos reflejan el poder director de bondad –jesed–, juicio –din– y misericordia –rajamím–, referidos anteriormente. La abundancia que llega a las criaturas depende del Poder Directivo.
Por ejemplo, si una acción está siendo considerada en el Juzgado Supremo, si el Poder Directivo usado es el de la bondad, gran abundancia llegará al mundo, y si el mundo está siendo regido por el Poder Directivo del juicio, solo llegará una parte ínfima de dicha abundancia.

Nos referimos entonces a dos dimensiones:

La voluntad del Creador de aceptar el despertar espiritual de Sus criaturas realizando Su voluntad, para así poder retribuirles de acuer-do a sus actos. Esta es la dimensión de la providencia.

Todas las leyes y reglamentaciones fijadas por el Creador acerca de cómo retribuirles a sus criaturas por sus actos. Esta es la dimensión del Poder Directivo.

El Poder Directivo pertenece a las sefirot, pero su consecuencia es la abundancia material.

La abundancia que llega a los seres creados depende del tipo de Poder Directivo que aplica el Creador en el mundo. A pesar de que el Poder Directivo es un asunto espiritual por tratarse de la raíz de todas las cosas, de todas maneras la consecuencia de estas raíces se expre-sa por medio de la abundancia material o espiritual que llega a los seres creados.

La realidad material en su totalidad está compuesta por cuatro ele-mentos: 1) fuego 2) aire 3) agua 4) tierra. Cuando el Creador rige a su mundo con bondad, la consecuencia de su Poder Directivo en el mundo material es el elemento del agua (no nos estamos refiriendo sólo al elemento agua, sino a la materia en que el elemento agua pre-domina). Cuando el Creador rige a su mundo bajo la característica del juicio, la consecuencia en el mundo material es el elemento del fuego. Cuando el Creador rige a su mundo bajo la característica de la mise-ricordia, la consecuencia es el elemento del aire.  

Esto indica que cuando el Creador rige a su mundo bajo la carac-terística de la bondad, emergen raíces espirituales especiales cuyas consecuencias materiales (la forma en que se traducen al plano físi-co) se manifiestan en el elemento del agua, y cuando el Creador rige a su mundo bajo la característica del juicio, emergen raíces espiritua-les especiales cuyas consecuencias materiales cobran formas de fuego; y la medida de la misericordia echa las raíces espirituales cuya consecuencia es el aire.

Estos tres principios, en conjunto con la tierra, que es maljut, componen toda la realidad de los niveles inanimado, vegetal, animal y humano.

Las sefirot de jojmá biná y daat son la guía del Poder Directivo

La base del Poder Directivo se encuentra en las sefirot de jesed, gevu-rá y tiferet. Estas sefirot son las encargadas de establecer las reglas de la dirección del mundo. Pero es necesaria otra decisión que determi-na la intensidad de este poder, o en otros términos, la cantidad y cali-dad de bondad, juicio o misericordia que ha de llegar a los seres cre-ados. En las sefirot de jesed, guevurá y tiferet se determina si el Poder Directivo será del tipo de bondad, juicio o misericordia y en las de jojmá, biná y daat se estipula la intensidad de este poder.

Por ejemplo, si se determina que el Poder Directivo sea del tipo de bondad, en jojmá biná y daat se decidirá qué clase de bondad, si bon-dad ordinaria o extraordinaria. La diferencia se encuentra en la canti-dad y también en la calidad. Bajo la directiva de bondad ordinaria cada uno recibe de acuerdo a sus acciones, y bajo la directiva de suma bondad también los impíos se ven beneficiados, aunque no sean merecedores.

A modo de ilustración se puede describir a la relación de las sefirot entre sí como centelleos de iluminación. Es como si una sefirá envia-ra iluminaciones y destellos de luces y la otra los recibiera. Desde el punto de vista intelectual, las sefirot son poderes mentales cuya rela-ción depende del mutuo acuerdo entre la sefirá dadora y la receptora. En este caso, las sefirot jojmá, biná y daat actúan como dadoras e influyen abundancia porque son el «cerebro» de las sefirot. Las sefirot jesed, gevurá y tiferet son quienes reciben este poder y actúan con-forme a él. En otras palabras, las sefirot de jojmá, biná y daat rigen y guían a las sefirot jesed, gevurá y tiferet y por eso son consideradas las guías del Poder Directivo.

En lenguaje cabalístico decimos que las sefirot jojmá, biná y daat se revisten en las sefirot jesed, gevurá y tiferet, y cuánto más com-pleto sea ese proceso, cuanto mayor aceptación y acuerdo exista entre las sefirot, más notoria será la influencia de las sefirot jojmá, biná y daat.
Más arriba señalamos que el Poder Directivo de las sefirot jojmá, biná y daat es el más elevado, porque las raíces que salen de ellas son las más prominentes cuantitativa y cualitativamente. Por eso cuando percibimos un alto grado de iluminación y de elevada intensidad ejer-cido por las sefirot jojmá, biná y daat en jesed, gevurá y tiferet, el Poder Directivo de jesed, gevurá y tiferet será de mayor calidad y poder.

En otras palabras, cuando las sefirot jojmá, biná y daat resplande-cen en las de jesed, gevurá y tiferet con gran intensidad, aumentará el grado de bondad que surja de jesed, gevurá y tiferet; y cuando jojmá, biná y daat quitan su fuerza de jesed, gevurá y tiferet, el resplandor de bondad que salga de jesed, gevurá y tiferet decrecerá.

La transición del Poder Directivo a la providencia

Hemos definido a las sefirot jesed, gevurá y tiferet como lo principal del Poder Directivo, y a las sefirot jojmá, biná y daat como su guía. La sefirá de maljut es la ejecución misma de la acción. Tomando el caso del hombre, vemos que no le es suficiente pensar con el cerebro y sentir con el corazón, sino que requiere de una fuerza adicional para lograr llevar las decisiones mentales al plano de la acción. Lo mismo sucede al nivel de las raíces espirituales. Las sefirot netzaj, hod y iesod

tienen la cualidad de traspasar lo que se encuentra en jesed, gevurá y tiferet a maljut, y así echar las raíces de dichas fuerzas.
Ahora podemos dividir las sefirot desde un nuevo punto de vista: las sefirot del Poder Directivo y las sefirot de la providencia.

Las sefirot del Poder Directivo son nueve, y se dividen así: jesed, gevurá y tiferet –el Poder Directivo principal; jojmá, biná y daat– la guía del Poder Directivo, y netzaj, hod y iesod –la transición del Poder Directivo a la providencia. La sefirá de maljut– es la providencia en sí.

Cada sefirá esta compuesta por diez sefirot


Hasta aquí, cuando nos referimos a las diez sefirot, causamos la impresión de que cada sefirá obra de acuerdo a su definición. Por ejemplo, la sefirá de jesed actúa única y exclusivamente con bondad, y la sefirá de gevurá, sólo con valentía. Mas esto no es así ya que cada sefirá está compuesta a su vez de diez sefirot.
La sefirá de jesed está compuesta por keter de jesed, jojmá de jesed, biná de jesed, jesed de jesed, gevurá de jesed, tiferet de jesed, netzaj de jesed, hod de jesed, iesod de jesed y maljut de jesed. Esto ocurre en todas las sefirot, y de hecho, estamos hablando de un sin fin de sefirot, ya que cada una de estas subdivisiones, a su vez, está sub-dividida en otras diez.

Se puede considerar a la Emanación de las sefirot como una «ver-sión» saliendo de la anterior. De acuerdo a esto la primer «versión» es la de las diez sefirot del MUNDO DE LA EMANACIÓN, y de cada una de ellas se desprende un sin fin de sefirot. Cada sefirá que surge de la anterior es un poder espiritual, expansión de la Divina voluntad, que recibe su fuerza y su vitalidad de la causa que la generó.
Visto desde otra perspectiva, cada «nueva» sefirá se torna causa y raíz de una realidad material, o, como lo definimos anteriormente, cada sefirá se convierte en la forma de una determinada materia. Así, la suma de todas las distintas versiones de las sefirot conforman el total de formas de la realidad material. La sefirá de jesed del MUNDO DE LA EMANACIÓN es la «primera versión». En la segunda «versión» aparece jesed de jesed o gevurá de jesed, y en la tercera gevurá de jesed de jesed, o la gevurá de la gevurá de jesed, y así sucesivamente.

En cada versión la iluminación es más específica, es decir, se adapta más exactamente a una realidad específica.Y así como no existe una iluminación similar a otra, tampoco existe una realidad material idén-tica a otra.
Así, y tal lo aprendido, el MUNDO DE LA EMANACIÓN es el pensa-miento de la creación, y las diez sefirot del MUNDO DE LA EMANACIÓN incluyen en sí todas las raíces espirituales de todo lo que acontece en sus más ínfimos detalles. Por ejemplo, la sefirá de jesed del MUNDO DE LA EMANACIÓN, incluye todas las raíces de todos los acontecimientos y las acciones que sustraen su fuerza de la sefirá de jesed. Lo mismo sucede con el resto de las sefirot.

Toda realidad está compuesta por las diez sefirot

Mencionamos anteriormente que toda realidad se conforma y está regida por las diez sefirot. De hecho, cuando dos realidades se distin-guen entre sí, lo que realmente sucede es que las diez sefirot que las componen se diferencian. En otros términos, la existencia y supervi-vencia de cada creación proviene del poder del Infinito –Ein sof– que actúa en ella. Cada unidad de esta fuerza actuante se compone por diez sefirot, ni más ni menos. Lo que ocurre es que la criatura de menor nivel tiene menor capacidad de recepción, y en esto reside la diferencia entre los seres creados.

Ya que toda sefirá está compuesta por diez sefirot, es como si tuvié-semos diversas «versiones», cada una ellas de menor magnitud e importancia que la versión que la originó, siguiendo el principio del desarrollo gradual. Recordemos que cada fuerza actuante es, de hecho, una unidad compuesta por las diez sefirot. Con esto se explica el tema de los infinitos niveles de la fuerza actuante, los cuales se adaptan a cada realidad de acuerdo a su nivel.

Las acciones humanas provocan el despertar de las sefirot

Al igual que las ciencias naturales hablan de la ley de conservación de la materia y la energía, la Cábala se refiere a la «la ley de la conserva-ción de las fuerzas espirituales» o «la ley de la conservación de la obra del Creador». Todo lo que hacemos, hablamos o pensamos, trae apa-

rejada una reacción en los mundos superiores, es decir, en la raíz de todas las cosas.

Como ya lo mencionamos, El Creador quiso que su Divina Presencia habitara entre los seres por El creados para preservarlos y cuidar sus actos. La Presencia Divina es la sefirá de maljut. Además, toda persona posee un alma que es una «representante Divina» situada en su interior, de modo que todo lo que hace está permanen-temente conectado con su alma. Cuando decimos que la sefirá de maljut «capta» o «percibe» por un lado el servicio a Dios que el hom-bre realiza y, por el otro, sus malas acciones, nos referimos a que la sefirá de maljut está ligada al alma de esta persona. Así una esencia espiritual (la sefirá de maljut) se conecta con otra esencia espiritual (el alma).Ya que el origen de todas nuestras acciones, palabras y pensa-mientos se encuentra en nuestra alma, la sefirá de maljut percibe la esencia de todo lo que hacemos, decimos o pensamos.

El rol de la sefirá de maljut es recibir y transmitir a las sefirot.La conexión entre la sefirá de maljut con la de iesod es en dos direccio-nes. Maljut recibe de iesod y traspasa a los seres creados, y a su vez recibe de estos y transmite a iesod. La sefirá de iesod transmite lo que recibe de maljut en dirección a las alturas espirituales, hasta alcanzar la raíz misma de cada acción.

Cuando decimos que la sefirá de iesod transmite lo que recibió de la sefirá de maljut a las sefirot superiores, estamos implicando que se establece una especie de debate entre las sefirot de netzaj, hod y iesod para resolver si la esencia espiritual recibida de maljut es digna de pasar a un nivel más elevado. Una resolución positiva señala que existió un acuerdo entre las sefirot, y que consideran que la raíz espi-ritual del servicio a Dios es sublime y merece ascender. Cuanta mayor devoción y entrega exista en el cumplimiento de un precepto, aunque el mismo haya sido un acto físico realizado por el cuerpo, la raíz espi-ritual de dicha acción será más sublime y excelsa.

Así como todo acto material trae aparejado alguna consecuencia, lo mismo sucede en el plano espiritual. Es así como el servicio a Dios a través de los preceptos de la Torá provoca la corrección del alma y del mundo individual de la persona y repercute sobre todo el resto de almas. Este es nuestro anhelo por el que bregamos: corregir al mundo bajo el Reinado Divino. Este es el propósito de toda la creación.

La sabiduría cabalística define y explica los procesos de esta corrección. Especifica cuáles son las fuerzas espirituales que operan para corregir el mundo, y qué correcciones en cadena se provocan. Más aún, explica cuáles son los daños producidos por las transgresio-nes humanas y qué debe hacer el hombre para remediarlo.

El despertar inferior es equivalente al despertar superior

El nivel más bajo es el de netzaj, hod y iesod, y es cuando un hombre cumple los preceptos como si estuvieran forzándolo. Aunque en la práctica realiza lo debido, lo hace sólo cediendo ante presiones del medio. Cuando decimos que la sefirá de maljut «recibe» el servicio al Creador y lo eleva, debemos discernir si se trata de un servicio de jojmá, biná y daat, jesed, gevurá y tiferet o netzaj, hod y iesod. El cum-plimiento de los preceptos de acuerdo a las presiones sociales corres-ponde al nivel de netzaj, hod y iesod, y por eso la raíz superior de dicho servicio es de un nivel inferior. Por otra parte, cuando un hom-bre cumple con un precepto a nivel de jesed, gevurá y tiferet, con emoción y entusiasmo, la raíz espiritual de dicha acción es más ele-vada. El nivel es superior aún cuando un hombre cumple con los pre-ceptos Divinos al nivel de jojmá, biná y daat.

El despertar de los mundos superiores, o sea, de las sefirot, está en función directa a la calidad del servicio a Dios, y la abundancia mate-rial y espiritual que llega a cada individuo depende de la excelencia de su servicio.

El servicio al Creador con entrega absoluta

El mayor nivel de servicio a Dios es el realizado a través de la entre-ga absoluta –mesirut nefesh. Este tipo de accionar se halla más allá del intelecto. Es mas, si esta persona lo consultara con su razón tal vez ésta le sugeriría no hacerlo. Pero hay un impulso especial de Santidad que no puede someterse a la lógica intelectual.

Si el cumplimiento racional de los preceptos corresponde al nivel

de jojmá, biná y daat, el cumplimiento por entrega absoluta se iden-tifica con el nivel de la sefirá más elevada, el keter.

Así como el cumplimiento de los preceptos al nivel de jesed, gevu-rá y tiferet despierta a las sefirot para influenciar a la altura de jesed, gevurá y tiferet (y lo mismo en el caso de jojmá, biná y daat y netzaj, hod y iesod), así también cuando el hombre sirve a su Creador con entrega absoluta despierta a las sefirot para influenciar a un altísimo nivel: el de keter. Cuando se despierta en keter la voluntad de influir, llega una abundancia «sin fin». Este es el nivel más elevado en el ser-vicio al Creador.

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Nota: La edición en español del Zohar, de Editorial Obelisco, puede conseguirla en la librería más próxima a su domicilio.


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