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por Gabriel

TEFILA RESPONDIDA

Las tefilot diarias nos mantienen siempre comunicados con el canal directo que nos lleva al contacto con el Santo, es la manera en que nosotros como seres humanos, podemos unirnos de manera directa. Hoy día haciendo gala de la tecnología y del lenguaje de la informática podemos decir que es el medio por el cual nos conectamos con la “web divina”. Por eso el judío tiene tanto éxito en su comunicación con el Eterno.

Es nuestro deber hacerlo a diario y en los tiempos establecidos. Existen algunas maneras de poder acceder de forma directa al arsenal o archivo por decirlo de alguna manera, de las tefilot respondidas. Muchas veces sentimos que nuestras plegarias no han sido contestadas o si lo fueron, quizás resultaron a medias. En gran medida esto obedece a un modo no correcto de formular las peticiones para que las mismas sean claras y concretas y no confusas.

Si nos presentamos ante un juez, por ejemplo, para solicitar una solución a un eventual problema legal, tenemos que ser claros, concretos y precisos a la hora de formular la petición, podemos poner al juez en los antecedentes de lo que pedimos, los hechos, le narramos la situación pero si no sabemos como concretar y hacer una petitoria correcta y precisa, de nada nos vale todo el tiempo que nos tomó exponerle los hechos. La petitoria es lo que deseamos, la manera que estimamos las cosas deben ser, la síntesis o exégesis de lo deseado, la imagen final terminada de lo que queremos. De igual manera sucede con las cosas del Eterno, podemos pasar horas explicando alguna situación pero si no concretamos y pedimos de manera correcta, la tefilá no obtendrá respuesta alguna.

De esto podemos concluir en un primer momento, que mucho del éxito o del fracaso que podemos tener en nuestras tefilot, recae sobre la manera de pedir las cosas que queremos. Si hay ambigüedad en la petitoria, si no es clara y no tiene una coherencia, la misma no va a ser respondida, de tal manera que es importante nutrirse de las experiencias de otras personas donde podemos aprender de la manera en que sus tefilot fueron exitosas, de los caminos que tomaron para que las mismas llegaran a buen término y como estamos en mundo globalizado en materia de ideas.

Es menester en un primer momento decir que la plegaria como tal no es posible poder describirla o transmitirla de la misma manera que lo podemos hacer con la palabra escrita por ejemplo. El centro de esto está en que a lo que tenemos que prestar atención es a los SENTIMIENTOS que nuestras palabras expresan, esas sensaciones que experimentamos en el momento de la tefilá y la preclara imagen de lo que pedimos son los elementos esenciales, primarios, para que la tefilá tenga el éxito deseado. Este sentimiento claro es el que nos abre las puertas al tremendo caudal, al arsenal en potencia que está tras las puertas de lo que no vemos pero que sabemos que está ahí.

La imagen creada por nuestro pensamiento en el momento de la plegaria es el punto de partida que determina hacia dónde se va a dirigir nuestra atención. Hay una íntima relación entre el pensamiento y la imaginación, de ahí que deben ir de la mano para que se pueda concretar en la realidad lo que deseamos. Un pensamiento puro y simple no es nada más que energía pura, el resultado de un proceso discursivo frío y deductivo simplemente. Es la imaginación como tal la que impregna al pensamiento de ese contenido que nos permitirá introducir nuestra plegaria en la realidad. Es la “sal” que condimenta y culmina el proceso de pensar. Un pensamiento sin imagen, sin sensaciones es simplemente una idea pura, cargada tan solo de energía en potencia. Esta emoción que ponemos en el pensamiento es la que nos guía hacia el inmenso caudal de las tefilot respondidas. Es creación en potencia.

Todos sabemos, porque de esto hay toneladas de información, que la imagen debe ser clara, vívida y con el resultado de lo que pedimos ya realizado, es decir, si pedimos verbigracia por un vehículo, debemos vernos conduciéndolo, sentir su textura, percibir el olor de un carro nuevo, etc. En otras palabras como decimos por aquí, “ponerle ganas” a la imagen y percibir la sensación que esa imagen produce en nosotros, ese gozo de poder sentarse donde nadie lo ha hecho antes, de conducir un carro que nadie ha conducido antes, en fin todo ese tipo de sensaciones que produce un gran gozo como este.

Encontré un texto con una experiencia enriquecedora que nos puede ayudar a aclarar todo esto y a orientarnos de una manera más clara y concreta acerca de este tema.

La experiencia se base en el diálogo de dos personas, el escenario es el desierto en el suroeste de los Estados Unidos donde las montañas del norte de Nuevo México estaban especialmente afectadas donde padecían ya el tercer año de sequía y la situación se tornaba bastante dramática. Aquí da inicio el texto de marras.

“Hacía años que conocía a David; de hecho, desde antes de trasladarme al elevado desierto del norte de Santa Fe. Los dos habíamos emprendido un viaje sagrado alejándonos de nuestros hogares, familias y seres queridos… Los ancianos dicen que hace más de cien años que las lluvias no nos dejan durante tanto tiempo- dijo David- Esta es la razón por la que hemos venido a este lugar, para invocar a la lluvia.

… Allí dijo David. Miré hacia donde estaba apuntando. Tenía el mismo aspecto que los otros miles de hectáreas de salvia, juníperos y pino que nos rodeaban en el valle.

¿Dónde? Pregunté.

Allí donde cambia la tierra-respondió David…

¿Qué es este lugar? –le pregunté a David-. ¿Por qué está aquí en medio de la nada?

-Esta es la razón por la cual hemos venido- dijo riendo- por esto lo que tu llamas “nada” es por lo que estamos aquí. Hoy solo estamos tu y yo, la tierra, el cielo y nuestro Creador. Eso es todo. Aquí no hay nada más. Hoy nos pondremos en contacto con las fuerzas invisibles de este mundo.

“Hoy rezaremos por lluvia”-dijo David

Observé como David se sacaba los zapatos y caminó en círculos a alrededor de aquellas milenarias piedras que estaban dispuestas a manera de circunferencia. Se volteó hacia mi y vi que sus ojos estaban cerrados. Tras unos segundos en estas posición respiró profundamente, se relajó se giró hacia mi y me dijo:

-Vámonos, aquí ya hemos terminado- dijo mirándome directamente.

-¿Ya? Pregunté un poco sorprendido. Parecía que acabáramos de llegar. Se puso los zapatos y me dijo vámonos…

Por la tarde cambió el tiempo. La lluvia empezó de repente con unos pocos sonidos sordos sobre la tierra que esta en dirección a las montañas del este. En cuestión de pocos minutos las gotas se fueron haciendo más grandes y más frecuentes, hasta que se declaró una tormenta con todas las de la ley. Enormes nubes negras cubrían el valle, oscureciendo las montañas de Colorado por el norte durante el resto de la tarde…

-Cuando era joven- dijo- nuestros mayores nos transmitieron el secreto de la oración. El secreto es que cuando pedimos algo, estamos reconociendo que no lo tenemos. Seguir pidiendo solo aumenta el poder de lo que nunca sucederá.

El camino entre el ser humano y las fuerzas de la naturaleza empiezan en nuestro corazón. Es allí donde nuestro mundo de sentimientos se une con el de nuestro corazón. Es allí donde nuestro mundo de los sentimientos se une con el de nuestros pensamientos. En mi oración empecé con un sentimiento de gratitud por todo lo que existe y por todo lo que ha sucedido. Di gracias al viento, al desierto, al calor y a la sequía pues hasta ahora asi es como ha sido.

-Luego empecé a sentir lluvia. Sentí la lluvia cayendo sobre mi cuerpo. De pie en el círculo de piedra, imaginé que estaba en la plaza de nuestro pueblo, descalzo bajo la lluvia. Sentí la sensación de la tierra húmeda que rezumaba entre los dedos de mis pies. Olí el olor de la lluvia en las paredes de paja y barro de las casas de nuestro pueblo después de la tormenta. Sentí la sensación de caminar por los campos de maíz que crecían hasta la altura del pecho debido a la generosidad de las lluvias. Los ancianos nos recuerdan que así es como elegimos nuestro camino en el mundo. De ahí en adelante nuestra oración se convierte en una acción de gracias” (*)

Exquisito relato ¿no les parece? Muchas conclusiones podemos obtener de esta breve cita. Primero que la tefilá no tiene que ser agotadora pasando horas pidiendo lo mismo, como vimos bastan unos pocos segundos pero con una imagen clara y concreta de lo que deseamos. Eso es suficiente. Imagen clara, una sensación intensa por lo que nos estamos imaginando y luego agradecer, dar gracias al Eterno por lo que nos otorga. Parece asaz sencillo pero realmente hay que ejercitarse en este tipo de rezo.

Como todo en la vida, el tema no se agota, solo desee compartir con ustedes esta tremenda y bella experiencia de este indígena estadounidense quien dicho sea de paso, tiene mucho que enseñarnos.

Espero esta experiencia pueda arrojarnos luz para poder incursionar con mayor propiedad en nuestra plegaria y lograr obtener que la misma sea correctamente respondida. No todo está dicho sino que es tan solo un granito de aren
a que aporto a tan importante tema.

Gabriel 

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