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por Gabriel

“Junto a los ríos de Bavel”

“Junto a los ríos de Bavel, allí nos sentamos y también lloramos acordándonos de Tzión. Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas pues allí nuestros captores nos pedían canciones y nuestros opresores nos pedían música alegre: ¡Canten para nosotros unas de las canciones de Tzion! ¿Pero cómo podemos cantar canción de Hashem en suelo extraño? (Tehilim 137)

Este Tehilim ha sido conocido por muchos desde hace ya muchos siglos como “Balada del desterrado”implicando per se un título asaz sugestivo. Este Tehilim nos recuerda amargamente la inexorable caída de la ciudad eterna de Ierushaláim acaecida el año 587 antes de la era común y de su consecuente destierro en Bavel. Para otros como Nacar Colunga este Tehilim es llamado “El amor de los cautivos por Sión”. Sin embargo, cualesquiera que sea su nombre, su mensaje es sumamente claro y sus palabras nos llegan de manera directa al corazón. Es un tehilim imprecatorio, compuesto en Bavel para algunos, obviamente durante el cautiverio o quizás bajo la impresión producida por el cautiverio. Para otros, Hashem otorgó a Melej David una visión profética de la destrucción de los dos templos y este lo consignó de una manera absolutamente descriptiva. El salmista expresa maravillosamente su entrañable amor a Jerusalén. Recuerda, como lo hacen también algunos profetas, la alegría con que los hijos de Edom vieron la ruina de Jerusalén y su templo, y pide para ellos el castigo divino; pero, sobre todo, su ánimo se vuelve contra Bavel, la ciudad devastadora, que, según los vaticinios de los profetas, está a su vez destinada a la ruina y a la devastación.

Este Tehilim es un canto de amor nostálgico arrancado de las sedientas gargantas de los cautivos de Tzion que siquiera tienen fuerzas para hablar.

Para los judíos, la tierra patria era la única tierra sagrada del orbe, porque en ella tenía su morada el Di-s de Israel. Todos los otros territorios resultaban profanos. Por eso, la ausencia de la tierra santa producía una nostalgia irreprimible entre los fieles israelitas. El salmista se considera morando en las tierras del opresor babilónico, y, por eso, su lengua enmudece en espera de poder reanudar las alabanzas de Hashem en la tierra sagrada de sus antepasados.


En los versículos 1 al 4 vemos como el salmista se traslada mentalmente a su antigua estancia junto a los ríos o canales del Eufrates, en cuya orilla se asentaba la odiada Bavel. Para un israelita procedente del territorio calcinado, seco y lleno de colinas, lo que más le impresionaba era la llanura feraz de Babilonia, con sus múltiples canales de regadío, pero sin embargo a pesar de este cambio en el paisaje, quizás más atractivo que de donde venían, no deja de lamentarse y dolerse por su amada Ierushaláim que no cambia por nada por ser la morada de Hashem. A la sombra de los sauces se reunían los deportados judíos, con sus corazones desgarrados y recordando tristes y melancólicos, a su tierra nativa y los trágicos sucesos que los habían llevado a aquellas lejanas tierras producto como sabemos de su misma desobediencia e irreverente conducta ante el Santo Bendito Uno.

En los árboles colgaban sus instrumentos que otrora tocaban con tanta alegría y alborozo y hoy día solo les sirven para meditar sobre el triste pasado y lo que dejaron atrás. Los soldados babilonios que los vigilaban les invitaban con sorna a entonar sus canciones patrias y sus himnos cantados en las solemnidades litúrgicas del templo. La petición resultaba asaz sarcástica y de muy mal gusto en labios de sus opresores. La reacción de los cautivos es el silencio sistemático y desgarrador que carcomía sus almas : no podían entonar sus cánticos sagrados en tierra extraña y profana (v. 4). Hubiera sido traicionar a sus amores patrios y a su religión. La nostalgia, ese recuerdo quemante de su amada tierra les impedía casi llegando a la melancolía, bajar sus instrumentos de los árboles y tocarlos con diestra alegría como en el pasado otrora lo habían hecho. Más bien en vez de canto, sus lágrimas y dolorosos recuerdos afloraban prestos a sus ojos y a sus labios.

Estos primeros versos de este Tehilim recogen un momento doloroso y triste de nuestra historia pero pletórico de un realismo salvaje. Sentados y llorando no apreciaban la belleza del paisaje sino contemplaban la amargura de la desolación que llevaban dentro y eso les quemaba el alma y les hacía sentirse culpables. Por eso ellos respondieron a la imprecación de sus captores que no lo podían hacer ya que los cantos eran para alegrarse y ellos no podían cantar primero porque estaban tristes y segundo porque de esa manera podrían olvidar a Tzión y no deseaban hacerlo, preferían más bien que se fuera su fuerza de su mano derecha antes que olvidar a Ierushaláim.

Este Tehilim es muy actual ya que muchas veces nos encontramos en situaciones similares en nuestras vidas, sentados meditabundos, cavilando y medio discurriendo acerca de nuestro destino, acerca de nuestro mañana que pareciese nada halagüeño. Sin embargo, en medio de todas nuestras vicisitudes podemos sacar provecho de las cosas y de alguna manera, sin olvidarnos de Tzión como lo decían nuestro antepasados, poder ver con mejores ojos las maravillas de Hashem. Sea como fuese, nuestros antepasados en este Tehilim tenían ante si un lindo paisaje, una exuberante naturaleza pletórica de aguas dulces, de ríos caudalosos y serenos y fuertes árboles pero su amor a Ierushaláim les impedía disfrutarlos. Esta fidelidad es previsible pero quizás no sea sana ya que no toda la vida podemos pasarnos lamentándonos de lo que hemos hecho, de lo pasado, de nuestro errores, sino que tenemos que levantarnos del suelo, sacudirnos las vestiduras, quitarnos el polvo de los zapatos y seguir adelante. Quizás, más bien, bajando los instrumentos de los árboles y volviendo a tocarlos de nuevo, logremos la inspiración y el gozo interno para seguir adelante muy a pesar de todas las vicisitudes, muy a pesar de todo lo duro que nos parezca la vida, muy a pesar de los ríos de lágrimas que hayamos derramado. Siempre hay una esperanza porque Hashem mismo es esperanza, El no se place de todas estas desgracias, sino que nos desea enseñar Su camino. Ante la Torá siempre tenemos dos caminos frente a los cuales Hashem nos dice: “Hijos míos ¿como deseáis las cosas, con amor o con dolor?” Lamentablemente todos sabemos las respuestas.

Decía que Hashem es un Di-s de la esperanza, decenas o quizás centenares de veces lo dice por medio de la boca de sus profetas y la verdad debemos creerle ya que no solo nos llevará de nuevo a nuestra amada Iersushalayim sino que nos restaurará de todo lo que hemos hecho mal y en respuesta al sufrimiento expresado en este Tehilim por los cautivos de Tzión, Hashem tuvo y tiene su respuesta: “Yo he alzado Mi mano, he jurado que las naciones que están a vuestro alrededor han de llevar su afrenta . Más vosotros oh montes de Israel, daréis vuestras ramas, y llevaréis vuestro fruto para mi pueblo Israel: porque cerca están para venir...Y Yo os tomaré de entre las naciones y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. Esparciré sobre vosotros agua limpia y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiare. Os daré un corazón nuevo y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne... Y el día que os limpie de todas vuestras iniquidades, haré también que sean habitadas las ciudades y las ruinas serán reedificadas. Y la tierra asolada será labrada en lugar de haber permanecido asolada a ojos de todos los que pasaron” (Ezequiel 36: 7-34).

Alegrémonos más bien nosotros amados de Hashem y compañeros de sendero de estas preciosas palabras del Santo, bajemos los instrumentos de los árboles y cantemos cantos de alegría y de gozo al Santo, no lloremos por lo pasado sino guardemos estas lágrimas para el gozo que nos espera, que Hashem peleará por nosotros todas las batallas, peleará por nosotros la “Madre de todas las batallas”.

Finalmente, los primeros versos de este tehilim fueron recogidos en una canción popular por un grupo de música popular de los años 70’. En 1978 Boney M sacó un disco que se llamó “Por los ríos de Babilonia” donde canta estos versos, desde luego con un ritmo absolutamente pop, como sobreviviente de los años 70, recuerdo aún dicha canción que cantaba en tiempos del colegio y repetía una y otra vez con mis compañeros en los recreos, sin saber que años más tarde andarían en vez de “por los ríos de Bavel”: “por los caminos de Hashem”!!! BH!!!

Para los que no la conocen a no la recuerdan la pueden escuchar en este enlace tipo karaoke para que puedan igualmente ver la letra, para las personas que no leen el inglés, este otro enlace con la traducción, no es muy feliz que digamos pero se entiende bastante bien lo que quiere decir:

http://www.youtube.com/watch?v=tJ4oZhkGKi0&feature=related

http://www.letras4u.com/boney_m/rivers_of_babylon.htm

Para los amantes, ya no tanto de la música popular, igualmente adjunto la exquisita obra de Verdi conocida como el Nabuco, que dicho sea de paso, cada vez que la escucho, hace brotar sendas lágrimas de mis ojos ya cansinos, cuando su coro evoca esos momentos difíciles de nuestro amado pueblo cuando se vieron de la noche al día despojados de todo y llevados en cautiverio a una tierra extraña, de ahí que Verdi de manera magistral logró captar estos momentos y plasmarlo en un angelical coro pero con el lamento que desgarra el alma. El “Coro de los esclavos hebreos” como se le ha llamado ilustra de manera asaz diáfana lo que sintieron nuestros antepasados en un día como hoy 17 de Tamuz.

http://www.youtube.com/watch?v=D6JN0l7A_mE&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=xWGIMupJtNY&feature=related


Gabriel

EL PECADO NO REVELADO

Todos hemos aprendido que el que guarda siempre tiene refiriéndose sobre todo a los bienes materiales. Aquella persona que es precavida y siempre dispone alguna suma para ahorrar y no la gasta, es persona sabia ya que siempre tendrá para el futuro. Sin embargo en cuanto al o a los pecados o faltas se refiere, no opera la misma norma. Esta máxima fracasa cuando el pecado se encubre o se trata de olvidar o bien recordar de vez en vez con algún grado de gozo. Todos somos pecadores y ninguno de nosotros está exento de ello, sin embargo lo que nos exime de una culpa latente, de una culpa que nos pueda causar un fuerte decreto en el cielo es precisamente la “teshuvá” o arrepentimiento sincero. Este diálogo interno con Hashem donde le expresamos de nuestros propios labios nuestros errores y trasgresiones de manera pura y simple, con un corazón arrepentido y con el mejor de los deseos de no volver a pecar más, es camino seguro a que seremos objeto de la misericordia de Hashem.
Hay ciertos pasos que debemos seguir para que se de una verdadera teshuvá, veamos brevemente algunos de ellos.
1.- Reconocer el pecado. Este es uno de los puntos fundamentales de este ejercicio

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