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por Gabriel

LA CAPACIDAD DE RESISTENCIA DEL PUEBLO JUDIO

Si observamos de cerca la historia de nuestro pueblo al través de los siglos y siglos de su existencia, sin mayor dificultad obtendremos una constante que es el hilo conductor caracterizante del pueblo judío. Nos preguntamos ¿Cómo ha sobrevivido nuestro pueblo a tanto sufrimiento, a tanta prueba e incluso a tanta muerte? ¿Será que tenemos una inmejorable capacidad para soportar el dolor y el sufrimiento? ¿Será que el eterno reproche que nos hace Hashem de ser un pueblo duro de cerviz es lo que prevalece y nos ha permitido sobrevivir?

Las respuestas a éstas interrogantes no son nada sencillas ya que hay demasiado trasfondo en nuestra realidad que nos hace reflexionar en todo esto. Quizás en primer momento y de manera torpe, se me ocurre pensar que al igual como reza en Derecho, que la costumbre se hace ley, quizás el pueblo judío con los años ha hecho costumbre las vicisitudes por las cuales ha pasado y no se asombra ya de tanto sufrimiento y dolor y lo ha aceptado finalmente de manera estoica. Sin embargo esta fortaleza adquirida con el transcurso de los siglos no es nada natural, el hombre por si mismo no creo sea capaz de sobrellevar tanta carga, tanto peso ancestral y continuar la marcha hacia delante, viendo para atrás solo para tomar más fuerza y seguir la marcha. Difícilmente otro pueblo del mundo ha podido sobrevivir ante tanta presión, ante tanta persecución, ante tanta muerte, pero la realidad salta a la vista y concluimos que aquí estamos a pesar de todo.

Es importante tomar en cuenta también, que no solo factores exógenos han tratado de debilitarnos sino también muchas veces desde nuestro mismo seno han salido las causas de un aparente debilitamiento, me refiero a las grandes cantidades de judíos que a lo largo de la historia, se han visto cautivados por otras ideologías religiosas y finalmente sucumbieron ante ellas en una triste y vergonzosa asimilación. Pero a pesar de ello el pueblo se mantiene firme a su Torá muy a pesar de todas las presiones, abusos y masacres cometidas a lo largo de los siglos. ¡Qué capacidad de resistencia!.


La historia judía está llena de sacrificios por su fe y desde luego por su Torá, muchos como sabemos han preferido la muerte como lo fueron grandes líderes de la comunidad judía como Janina, Mishael y Azaria en el horno, o los Diez Mártires en la época de Bar Kojba o bien personas simples y asaz desconocidas como los mártires medievales de York Blois, de Maguncia, de Worms, los que torturaron y asesinaron en las cárceles y mazmorras de la "Santa Inquisición" y los que sucumbieron en el Holocausto, además de todos aquellos desconocidos y anónimos a la Historia que dieron su vida por Hashem y siquiera sabemos sus nombres. En suma la vida es un bien tan preciado para el judío, algo tan sagrado, tan valioso, tan de extremo delicado que sin mayor dilación la entrega para defender y santificar el Nombre de Hashem. ¿Acaso habrá mejor precio?

Permítanme ilustrar parte de esa manera de pensar del judío con respecto al Eterno, de su manera de entregarlo todo, su vida incluso, solo por amor a Di-s, esta característica propia del judío, quizás endémica como digo yo, lo ha hecho sobrevivir a pesar de todo, veamos: "En 1492 se desató una epidemia a bordo del un cierto barco que transportaba exiliados judíos de España. El capitán decidió abandonar a los exiliados en una isla desierta. La mayoría murió ahí de hambre. Uno de los sobrevivientes junto con su mujer y sus dos hijos, partió en busca de señales de civilización. Pero la mujer estaba tan débil que al poco tiempo se desplomó, muerta. Cargando a sus dos hijos en los brazos, el hombre continuó. Pero pronto se quedó ya sin fuerzas y se desvaneció. Al despertar, vio que sus dos hijos habían muerto. Partido por el dolor, más intrépido, se puso de pie y exclamó: "¡Amo del Universo! Has hecho mucho para que yo abandone mi fe. Pero debes saber que a pesar de todas las aflicciones que me ha mandado el Cielo, sigo y seguiré siendo judío. ¡No hay cantidad de sufrimientos, ni pasados, ni futuros, que puedan hacerme cambiar!" Enterró los cuerpos de sus seres queridos y prosiguió su marcha, en busca de señales de civilización" (Shevet Iehudá: citado por el Rab Meir Simja Sokolovsky) Creo que la anterior cita no requiere de un mayor comentario, es explícita per se.

Ahora bien a esta altura tenemos que concluir que no existe una explicación racional que pueda aclararnos de manera sistemática y a nivel probatorio la conducta del judío, para poder comprender esta dedicación y tenacidad a grados extremos que ni aún en momentos límites el judío deja de lado su amada Torá, como por ejemplo y para citar solo uno, cuando con cabellos y con la grasa de las manos y el cuerpo, los judíos observantes construían y confeccionaban una mecha en lugar de una vela para encenderla cada Kabalat Shabat en los campos de concentración...

Ahora bien mi conclusión final a todo esto radica sobre la base que nada de esto es natural, que hay una constante "sobrenatural" detrás de todo esto que se inició con el Patriarca Abraham y con su pacto con Hashem, realizando un lazo tan fuerte, tan imposible de desatar que perdura hasta la fecha, resultando de ello la gran capacidad de resistencia y de abnegación hacia Hashem y la Torá. "Esta característica ha sido incorporada a la tela misma de nuestra alma nacional e individual, y constituye un patrimonio espiritual que nos ha brindado la fuerza y la determinación necesarias par aferrarnos a Hashem y a Su Torá frente a toda la oposición" (Rab. Meir Simja Sokolovsky)

Empero todo lo antes dicho hay otro elemento que nos dirige de manera frontal hacia la verdadera razón de esta abnegación y resistencia a pesar de todo. Hay una cita de inconmensurable valor de una hecho acaecido hace más de mil setecientos años que nos viene a dar la clave a este enigma, a esta extraña manera de soportar el judío contra viento y marea todas las cosas de la vida, quizás ésta cita del Midrash que he encontrado nos ayude a resolverlo:

"Dijo Adriano a Iehoshúa: ¡Cuán grande es la oveja que sobrevive entre setenta lobos! (refiriéndose a la oveja como pueblo de Israel y a los setenta lobos, como los setenta pueblos) Respondióle Iehoshúa: Cuán grande es el Pastor que la cuida" (Midrash Tanjuma, Toledot 5)

Rab Iehoshúa nos brindó la respuesta correcta, Adriano la había puesto en el pueblo de Israel al referirse a la "oveja" pero el Rab de manera magistral develó el misterio de nuestra permanente resistencia, de nuestra sobrevivencia, de nuestra dedicación y de nuestra abnegación por todos estos miles de años: ¡¡¡"El Pastor de Israel"!!!.

Gabriel 

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