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por Gabriel

Tiempo de reconciliación y perdon

El mes de Elul es el último mes del año judío y como sabemos precede a Rosh HaShaná, que es el Día de Juicio para todos los habitantes y criaturas del mundo, es el día en que el Eterno hace pasar frente a Su trono a todo ser creado para que rinda cuentas de sus actos, de ahí que este tiempo que da inicio desde el primero de Elul y finaliza el día de Yom Kipur, es un tiempo destinado al arrepentimiento, al análisis y a la introspección de nuestra conducta, a valorar lo que hemos hecho y dejado de hacer que de alguna manera pueda incidir de forma directa sobre nuestras vidas. Es tiempo de oración, de momentos a solas con el Creador, es momento de ver nuestro espejo interior y atisbar que vemos en él. Es tiempo de penitencia, es tiempo de solicitar con humildad el perdón de Di-s con todas nuestras fuerzas. Es tiempo de humildad.

Si bien es cierto que el Santo Bendito Uno escucha toda plegaria en cualquier momento del año, este tiempo es especialmente propicio para ello ya que el Eterno presta especial atención a este tiempo y a los rezos que elevemos hacia El. Estos son días de gracia y de misericordia ya que en este mes de Elul hace tres mil trescientos y resto de años, Moshé subió al Monte Sinai a recibir las segundas Tablas de la Ley, demorándose ahí 40 días, descendiendo el 10 del mes de Tishrei que es precisamente el día de YOM KIPUR. Desde entonces estos cuarenta días se les conoce como DIAS DE GRACIA y el 10 de Tishrei como IOM KIPUR.

Durante todo este tiempo requerimos fortalecer sobremanera, más que cualquier otro tiempo del año, la Avoda al Creador, es decir el servicio al Creador precisamente en tres planos a saber: Torá, Tefilá (plegaria) y Tzedaká (caridad) y como fundamento de las tres, la TESHUVA (arrepentimiento)

Por lo anterior en este mes de Elul, requerimos de un balance espiritual objetivo, prestando especial atención a nuestros pensamientos, a las palabras y a las acciones ocurridas durante todo este año y enmendando todos aquellos yerros en los cuales hemos incurrido en este último año, que dicho sea de paso –no se en su caso- pero en el mío, son demasiados.

Desde la antigüedad, estos tiempos son de meditación, de reflexión pero especialmente de reconciliación entre Di-s y el pueblo de Israel. Cuando nuestros antepasados cometieron el craso error

de sucumbir ante el pecado de crear y adorar un becerro de oro durante su travesía por el desierto y Moshé rompió las Tablas de la Ley originales, escritas por el dedo de Di-s, éste se vió obligado a ascender nuevamente al Monte Sinaí para suplicar perdón y misericordia al Eterno por tan letales actos. Fue entonces cuando Di-s en su infinita misericordia aceptó la súplica de Moshé Rabeinu y le ordenó: “Esculpe para ti dos Tablas como las primeras” (Shemot/ Exodo 34:1) Moshé Rabeinu ascendió al Monte Sinaí precisamente el Rosh Jodesh Elul y permaneció en dicho Monte por un lapso de cuarenta días, culminando su plegaria y súplica precisamente el día 10 de Tishrei, día en el cual descendió con las segundas tablas que el Eterno le había ordenado escribir, de manera tal que este período de cuarenta días que como vimos va desde Rosh Jodesh Elul hasta Iom Kipur, fue establecido para todas las futuras generaciones como un tiempo especial de reflexión, de introspección, de análisis de nuestros actos, de reconciliación, de efectivo arrepentimiento y de perdón sincero, que nazca y provenga de lo más profundo de nuestro corazón. Como vimos líneas atrás, cualquier momento es bueno para acercarse a Di-s y pedirle y rogarle por su Misericordia pero este tiempo es asaz especial para ello, ya que es durante este tiempo que se despierta más intensamente la Misericordia Divina y la mano de Di- s se abre y extiende para recibir con amor a todas aquellas personas que de manera sincera decidan acercarse con humildad y temor al Creador.

Vimos líneas atrás que durante este tiempo hay que ejercitarse especialmente en: Torá, Tefilá (plegaria) y Tzedaká (caridad) y como fundamento de las tres, la TESHUVA (arrepentimiento), veamos más en detalle cada uno de estos.

Torá: el estudio de la Torá siempre alegrará nuestro espíritu y llenará de sabiduría nuestra alma. Además nos enseñará directamente de la mano de Di-s lo que es bueno y lo que no, así como cuáles son los mandamientos o preceptos que tenemos que cumplir para servirle de la mejor manera. La Torá es fuente de vida, de agua fresca que se derrama a raudales sobre nosotros y a la cual debemos acudir día a día.

Tefilá: la plegaria o rezo diario es el medio que tenemos para comunicarnos con El, es la línea telefónica directa con la cual contamos para hacerle llegar nuestras necesidades, nuestros deseos y la caridad siempre debe ser entendida como la manera justa en que nuestras súplicas, quizás valiéndonos de la tecnología diríamos mejor que es el email con que contamos para hacerle llegar la información que deseamos hacer de Su conocimiento. De ahí que los tiempos de las tefilot se incrementen y se perfeccionen especialmente en este tiempo, haciendo de ellas, el canal, el conducto que nos comunicará de manera directa y segura con El.

Tzedaká: debe ser entendida como la forma en que retribuimos a los demás lo que el Eterno de manera generosa y misericordiosa nos ha dado. Es nuestro deber ejercer la caridad con los demás, la cual podemos hacer de muchas maneras, hay demasiadas necesidades y personas necesitadas en el mundo a las cuales podemos bendecir y a la vez bendecirnos, con esta práctica. El corazón del Eterno se ablanda y conquista cuando hacemos una tzedaká sincera, una tzedaka que nos salga del corazón y que hagamos con amor. El ejercitar la Tzedaka en este tiempo es especialmente valiosa, sobre todo que necesitamos llamar la atención del Santo hacia nuestras buenas acciones y no hacia el cúmulo de pecados que se desbordan en nuestra vida.

Finalmente la Teshuva es la llave, por decirlo de alguna manera, que abre las puertas de la misericordia Divina. Toda persona que haga Teshuvá debe ser de naturaleza humilde y modesta, no podemos presentarnos ante el Santo Bendito Uno de manera altiva y demandando Su perdón, tenemos que doblar rodillas y bajar nuestra cabeza, un amigo mío me decía un día que en tiempos difíciles o de clamor, “hay que hacerse pequeño ante Di-s”. Además tenemos que reconocer que nuestros pecados deben atraer hacia nosotros la vergüenza de haber cometidos actos contrarios a los mandatos del Eterno. Esta vergüenza hacia nuestros pecados nos da más méritos ante el Santo

Las condiciones para una TESHUVA. verdadera son las siguientes:

1.- Reconocer que hemos pecado: este es el inicio de una verdadera teshuvá, ser sinceros y reconocer con hidalguía que hemos caído, que hemos pecado, que hemos cometido actos contra el “ordenamiento jurídico divino”, que hemos transgredido es el primer pasa para un sincero arrepentimiento

2.- arrepentirse del pecado cometido: esto significa que luego de un estudio de nuestros actos, concluimos que nuestros actos eran errados y que hicimos mal ante los ojos del Eterno, que sentimos un gran dolor por lo que hicimos y nos arrepentimos de corazón por la afrenta que le causamos, pero especialmente por el daño que nos hemos infringido nosotros mismos.

3.- confesar verbalmente el pecado: este es un acto precioso del cual podemos echar garra, Melej David nos lo ilustra bellamente en un Tehilim, veamos: “Feliz de aquel cuya rebelión es perdonada; absuelto está su error… Mientras callé se consumieron mis huesos, por mi angustioso gemido, todo el día. Porque de día y de noche tu mano calló sobre mi pesadamente, y mi vigor se transformó en sequedad de verano. Sela. Mi pecado te revelé y no oculté mi culpa. Me dije: “Confesaré mis trasgresiones al Eterno”, y Tu perdonaste la culpa de mi error. Sela. Por eso, que todo piadoso a Ti te rece, al descubrir (sus trasgresiones); que las poderosas corrientes de agua a él no lo alcancen” Tehilim 32:1- 6) Como podemos ver muy claramente, el silencio y la no confesión de nuestros yerros solo aumenta nuestro dolor y sufrimiento, de ahí que debemos de manera verbal dirigirnos al Creador y vaciar nuestra alma, confesar nuestros errores, nuestros pecados y dejar ese lastre bien atrás, entregarlo todo a El y quedarnos nosotros LIGEROS DE

EQUIPAJE.

4.- no volverlo a hacer, no volver a pecar. Esta disposición de no repetir dicho pecado, quizás devenga en una de las cosas más difíciles de lograr pero a la cual debemos dedicar todo nuestro empeño. No podemos pasar toda la vida pidiendo perdón al Eterno por estar cometiendo día a día un mismo pecado, sino que por el contrario tenemos que hacer un esfuerzo y una vez, como vimos líneas atrás, que hayamos reconocido y confesado el pecado, todo nuestro esfuerzo debe ser dirigido y enfocado hacia una sola meta:

NO VOLVERLO A HACER.

Finalmente solo me resta reiterar lo que dije al inicio: A pesar de que la TESHUVA tiene valor en cada momento, es más rápidamente aceptada en los 10 días de TESHUVA entre Rosh Hashana y Kipur. Recordemos las palabras del profeta Isaías 55:6: “Procurad a Di-s mientras El pueda ser hallado, llamadlo en tanto esté cerca” Este es precisamente este tiempo que está por venir, aprovechémoslo.

Mis estimados compañeros de sendero, llegamos a los tiempos de preparación, a los tiempos de limpiarnos de nuestra maleza espiritual, clamar, arrepentirnos, pedir perdón y hacer caridad con los demás; de esta manera estaremos cimentando de manera segura un buen comienzo para este Nuevo Año 5772 que se avecina. Mis mejores deseos para el nuevo año que se acerca.

Que seamos inscritos en el Libro de la Vida!!!!

Gabriel

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