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por Gabriel

EL PRINCIPIO DEL VACIO

Usted tiene el hábito de juntar objetos inútiles en este momento, creyendo que un día (no sabe cuando) podrá precisar de ellos.
Usted tiene el hábito de juntar dinero sólo para no gastarlo, pues piensa en el futuro podrá hacer falta.
Usted tiene hábito de guardar ropa, zapatos, muebles, utensilios domésticos y otras cosas del hogar que ya no usa hace bastante tiempo. ...¿Y dentro suyo?...
Usted tiene el hábito de guardar broncas, resentimientos, tristezas, miedos, etc. No haga eso. Es anti-prosperidad.
Es preciso crear un espacio, un vacío, para que las cosas nuevas lleguen a su vida.
Es preciso eliminar lo que es inútil en usted y en su vida, para que la prosperidad venga.
Es la fuerza de ese vacío que absorberá y atraerá todo lo que usted desea.
Mientras usted está material o emocionalmente cargando cosas viejas e inútiles, no habrá espacio abierto para nuevas oportunidades.
Los bienes precisan circular. Limpie los cajones, los armarios, el cuarto del fondo, el garaje. Dé lo que usted no usa más. La actitud de guardar un montón de cosas inútiles amarra su vida.
No son los objetos guardados que estancan su vida, sino el significado de la actitud de guardar. (No es el HECHO, sino la INTENCIÓN) Cuando se guarda, se considera la posibilidad de falta, de carencia.
Es creer que mañana podrá faltar, y usted no tendrá medios de proveer sus necesidades.
Con esa postura, usted está enviando dos mensajes para su cerebro y para su vida:
1º... usted no confía en el mañana
2º... usted cree que lo nuevo y lo mejor NO son para usted, ya que se alegra (yo diría se conforma) con guardar cosas viejas e inútiles. (O sea, reforzamos la conciencia de ser miserables)
Deshágase de lo que perdió el color y el brillo y deje entrar lo nuevo en su casa... y dentro de sí mismo...
Joseph Newton

Líneas atrás de manera diáfana y asaz sencilla leímos un valioso comentario de Joseph Newton donde nos indica y puntualiza, que la gran mayoría de nosotros somos como una biblioteca, como una bodega o almacén donde archivamos, donde guardamos gran cantidad de cosas que ya no nos son útiles. Guardamos recuerdos desagradables de cosas que nos sucedieron diez, quince o veinte o más años atrás, en la espera que algún día las olvidemos pero que aún a pesar del tiempo nos siguen lastimando. Guardamos resentimientos, sensaciones y pensamientos nada edificantes acerca de nosotros mismos o bien acerca de los demás. Llevamos dentro una información nada deseable ocupando nuestro “disco duro” e impidiendo que “funcionemos” de manera correcta. Hemos llenado todo nuestro ser de tantas cosas inútiles que muchas veces ya no sabemos cómo cargar con ellas, de allí que a veces desfallezcamos y exclamemos “ya no aguanto”.
Atesoramos cualquier cosa que venga a nuestra vida y la verdad no es tanto lo que atesoremos o almacenemos, sino que lo negativo radica en la actitud hacia lo que guardamos. Si son cosas materiales, objetos inútiles que no ocupamos y los vamos poniendo en el desván con la intención de algún día utilizarlos de nuevo, es aquí donde radica precisamente el problema, ya que ese guardar objetos inútiles para usarlos de nuevo en el futuro, es lo que nos genera un espacio de CARENCIA en nuestras vidas, es decir, guardo porque mañana no tendré, dando por un hecho que mañana será aún peor que el día de hoy. Este sentido de CARENCIA es lo que nos da esa sensación de inseguridad y por la cual tenemos que almacenar cuanta cosa inútil tengamos en la casa, lo triste de esto, ES QUE OCUPA ESPACIO PARA OTRAS COSAS. Es decir llena un espacio que perfectamente podemos utilizar para cosas verdaderamente útiles. Además este pensar nos induce a la conclusión que el Eterno no es nuestro suplidor, desconfiando de Su infinita misericordia.
Igual sucede con nuestra alma y espíritu, hemos guardado y seguimos guardando cosas que nos lastiman pero igualmente, no queremos desprendernos de ellas, cosas que ya es hora de superar y dejar atrás para permitir a otras, frescas y remozadas, ingresar en nosotros para edificar una mejor vida. Y no lo hacemos porque muchas veces el odio o el resentimiento son tan grandes que constantemente estamos “rumiándolos” y los volvemos a guardar, para otro día volver a pensarlos y volver a pasar por lo mismo, regresando una vez más a vivir intensamente las mismas añejas sensaciones que nos lastimaron entonces y de nuevo lo hacen ahora, impregnadas de una fuerte carga de emotividad que las hace más fuertes y poderosas que antes. Esto mis estimados compañeros y compañeras de sendero, no tiene sentido alguno ni es sano emocional ni espiritualmente hablando.
Nuestro correcto actuar siempre debe ser superar las cosas e ir llenando todo este espacio de Torá, del mismo Hashem que nos ocupe hasta el más mínimo rincón de nuestro ser, que irradiemos en la Luz de Su misericordia y que cada espacio ocupado por cosas banales a las cuales dedicamos tiempo inútil, sea llenado por El. Hace ya muchos años, recuerdo salió toda una propaganda, toda una estrategia de mercadotecnia tendiente a posesionar en el mercado una colección de música de los años 70. La propaganda decía: “Llena tu cabeza de rock” Hoy día más bien podemos trocar esas palabras e implementar una nueva y positiva estrategia en nuestra mente que diga:“Llena tu cabeza de Torá, llena tu cabeza con las Halajot, llena tu vida con el Eterno”, les aseguro que los resultados serán harto positivos y beneficiosos y así nos dejaremos de una vez por toda de estar bajo la férula indeseable de todos estos estigmas.
Desterraremos así cualquier carencia ya que el Eterno todo lo llena, todo lo da, todo lo completa y suple, de manera que lo que tenemos que hacer es un acto de conciencia, de introspección, analizar y detectar todas aquellas áreas de nuestro ser que están ocupadas de cosas fútiles, de cosa inútiles y nada edificantes y sacarlas, dejarlas ir y entregarlas al Eterno, El de seguro sabrá muy bien que hacer con ellas. Si son cosas materiales y nos estorban pues a la basura, las que aún puedan tener algún provecho, a los hogares de ancianos o a un otro sitio donde les puedan dar un destino útil y no en nuestras casas ocupando espacio e impidiendo que cosas nuevas ingresen y traigan mejores vibraciones.
El principio del vacío debe prevalecer en nuestras vidas para que ese espacio que se crea vaciándonos de cosas materiales, de sensaciones y pensamientos, ese espacio vacío, sea llenado indefectiblemente por el Eterno. Nada puede estancarse en nuestras vidas, todo debe fluir y las energías deben mantenerse en movimiento, no como un charco de agua estancada y maloliente, sino en un refrescante estanque de aguas remozadas, puras y limpias y fluyentes. Así debe ser el Precioso en nuestras vidas, un removedor de todo lo que no necesitamos, de todo aquello que nos lastima, de todo aquello que cargamos por años y que hoy día no sabemos siquiera que hacer con ello. Hagamos que nuestra alma esté sedienta del Eterno, que deseemos ese espacio vacío dentro de nosotros y atraigamos Su luz, Su amor y Su misericordia. “Como una cierva suplica sedienta por fuentes de agua, así mi alma clama por Ti, Elokim” (Tehilim 42:2)
Hagamos que la voz del Santo se escuche dentro de nosotros ya no como un “silbo apacible” sino más bien con fuerza, moviendo las fibras de nuestro ser, renovando y remozándonos de manera plena. “La voz de Hashem resuena con fuerza. La voz de Hashem resuena majestuosa. La voz de Hashem quiebra los cedros de Levanón y los hace saltar como becerros...La voz de Hashem lanza llamas de fuego. La voz de Hashem sacude el desierto”.(Tehilim 29:8)
“Abre mis labios y mi boca expresará Tu alabanza” (Tehilim 51:17) Estas preciosas palabras del salmista nos permite afirmar lo que hemos venido diciendo, que si el Eterno, Santo bendito es, nos permite hablar, nos permite que lo que del corazón provenga lo haga de manera diáfana, prístina, transparente, los labios expresarán de manera espontánea la alabanza ya que, solo si tenemos un alma vacía de cosas banales pero pletórica del Eterno, nuestro corazón se inflamará de deseos por el Santo e irrumpirá en palabras que del corazón provienen para expresar la alabanza, la que fluirá de nuestro ser cual pura cascada cargada de espuma y de transparente agua. Una mente y cuerpos vacíos de cosas fútiles e inútiles pero llena por completo del Eterno, colmará nuestra boca de la alabanza que requerimos para estar a tono con El.
Hagamos un espacio en nuestro ser, en nuestras vidas, en nuestro trabajo, en nuestra casa, con nuestros cónyuge, con nuestros hijos, con nuestros parientes y amigos para que ese espacio vacío atraiga hacia si mismo, todo el amor, la alegría y alborozo que solo el Santo bendito Uno puede darnos con tanto desinterés y alegría.

Gabriel 

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