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por Gabriel

¿Cuál es tu milagro? El Eterno espera por ti para cumplírtelo!!!

La gran mayoría de nosotros en uno u otro momento de nuestras vidas, demandamos de un verdadero milagro. Unos porque tienen problemas de salud, otros porque sus finanzas no andan bien, otros por otras razones no menos atendibles pero coincidimos todos en que requerimos que en lo físico, que en la realidad opere un cambio que modifique nuestro entorno vital. Convencidos estamos que únicamente el Eterno puede hacerlo, solo El puede modificar las cosas y las situaciones de la mejor manera, en eso estamos todos de acuerdo.

Sin embargo, no es tan sencillo como parece, no es solo pedirle al Eterno que modifique las leyes de la física por ejemplo y opere una sanación completa en una persona, hay requisitos que nosotros tenemos que cumplir de manera satisfactoria que cumplir para que ello se de. En un primer momento podemos detener nuestra atención en algo básico y es que muchas veces ante una determinada situación y un problema concreto, pensamos y creemos que no tenemos una salida viable, que todas las oportunidades están cerradas y que no tenemos siquiera las fuerzas para seguir adelante. Sin embargo es importante destacar que esta conciencia de derrota, de sentirnos vencidos antes de iniciar la batalla, muchas veces es el impedimento que se nos pone por delante e impide el milagro que tanto deseamos opere en nuestra vida. Esa desesperación y frustración generan vibraciones contrarias cuyo resultado será acrecentar mucho más nuestro pesimismo. Creamos espacios en nosotros que se alimentan de la duda, el escepticismo, la desconfianza y generamos sentimientos y sensaciones afines a lo que estamos generando, incrementando la situación de crisis y alejándonos sobremanera del milagro que esperamos ocurra.

El Eterno demanda de nosotros que hagamos algo, que no nos alimentemos con el “Pan de la vergüenza” Para aclarar este término diremos que pan de la vergüenza es todo aquello que recibes sin habértelo ganado, esa sensación de carencia que percibes cuando recibes algo por nada; todo lo que se recibe sin merecerlo que nos induce a esa vergüenza de no ser merecedores de algo por no haber empeñado suficiente esfuerzo para ganarlo, bendiciones sin esfuerzo o de cosas que no nos han costado nada, o dicho de otra manera, que el milagro nos “caiga del cielo” sin hacer nosotros nada, más que estar sentados esperando. Requerimos movernos y hacer cosas para que el milagro opere. Aclarado el punto continuamos con el tema de fondo.

En Reyes 2, capítulo 4, versículos del 1 al 7 encontramos un relato interesante que vale la pena que transcriba: “Y la mujer de uno de los profetas llamó a Eliseo y le dijo: “Tu siervo, mi marido ha muerto y tu sabes que tu siervo era temeroso del Eterno. Ahora un acreedor suyo ha venido para tomar a mis dos hijos como esclavos en pago de la deuda.” Y le respondió Eliseo: “Que puedo hacer por ti? Dime que tienes en tu casa?” Y ella dijo: “Tu sierva no tiene en su casa más que una vasija de aceite” Y dijo él: “Vete a pedir vasijas a todos los vecinos, vasijas vacías pero no pidas pocas vasijas. Y entrarás, cerrarás la puerta tras de ti y tras de tus hijos, echarás el aceite en todas estas vasijas y separarás las que estén llenas” Se fue y cerró la puerta tras de ella y tras de sus hijos. Le trajeron las vasijas y ella echó el aceite. Y sucedió, cuando las vasijas estuvieron llenas, que ella le dijo a su hijo: “Tráeme todavía otra vasija” Y le respondió: “No hay ni una sola vasija más” Y el aceite dejó de fluir. Y ella vino y le dijo al hombre de Di-s. y le contestó: “Vete, vende el aceite y paga tu deuda y tu y tus hijos viviréis de lo que sobra” Precioso relato de este tremendo milagro que operó el Santo Bendito Uno a través del profeta Eliseo.

La mujer en referencia era la esposa de Obadía, y ella estaba a pesar de su apremio por su reciente estado de viudez, ante una amenaza de que sus hijos por una deuda de su difunto marido, fueran esclavos del acreedor. Ella sin nada, sin bienes y sin un marido que la respalde se hallaba, como muchos de nosotros, ante una situación límite, frente a una pared, frente a algo insalvable de manera física, de manera natural, que únicamente puede ser resuelto por medio de la intervención divina. Es decir, ella requería un milagro. Como todo en la Biblia, las cosas son directas, sin mucho rodeo, no vemos al profeta respondiendo, si mi estimada amiga vamos a ver que podemos hacer, hay que pedirle a Di-s a ver si nos ayuda. No, simplemente al grano. El le pregunta como vimos “Qué tienes en tu casa” Esto significa, “con qué cuentas”, “¿Qué aportas?”, “¿Qué tienes que dar?” Estas en el fondo son las interrogantes que el profeta demanda.

Ahora bien, para ir hilando esta situación, sabemos por nuestros sabios dos cosas, primero como indicamos líneas atrás que nadie debe “comer del pan de la vergüenza”, es decir ser merecedor de cosas del cielo sin esfuerzo y lo segundo, como aprendemos del Zohar, “una bendición no recae sobre una mesa vacía” Es decir: “Las bendiciones de arriba descansarán en un lugar con sustancia, no en un lugar vacío. Sabemos esto de la esposa de Ovadía a quien Elishá (Eliseo) dijo: “Dime, ¿Qué tienes en la casa?” Pregunto por esto porque las bendiciones de arriba no descansan en una mesa vacía, ni en un lugar vacío. Ella respondió: “Tu sirvienta no tiene nada en la casa sino una vasija con aceite” Con referencia a esto Rav Yehudá preguntó: ¿Cuánto había en la vasija? Había sólo suficiente aceite para untar en el dedo meñique”

Elishá dijo: “Me has tranquilizado. No sabía como las bendiciones de arriba descansarían en un lugar vacío. Pero ahora que tienes algo de aceite, este es el lugar donde las bendiciones descansarán.” (Zohar Lej Leja verso 216)

Ahora bien, con estos dos elementos podemos ir construyendo nuestra fórmula para hacer milagros, por ahora tenemos: ” no comer pan de la verguenza + una bendición no recae sobre un espacio vacío”

Hay otros elementos que iremos adicionando conforme nos vayan quedando asaz claro los ingredientes de esta fórmula.

De lo visto hasta el momento, para que el milagro se vaya dando, hay que esforzarse para ello, que hay que luchar para ser merecedores del milagro que estamos pidiendo, no cruzándonos de brazos y esperando que nos caiga del cielo. En segundo término que las bendiciones del cielo no caen en suelo infértil, sobre mesa vacía, sino que se requiere un mínimo de esfuerzo para que se genere. En el caso de la viuda de Obadía ella tenía un poco de aceite, ella aunque tenía una cantidad exigua del preciado aceite, algo tenía, ese era el elemento inicial sobre el cual recaería la bendición y la agrandaría. Había un aporte inicial de su parte para que recayera la bendición y se hiciera realidad el milagro.

En la vida real y ubicándonos en nuestra realidad, nosotros tenemos que hacer nuestro mejor esfuerzo para lograr atraer a nosotros las bendiciones de lo Alto y hacer posible que los milagros operen, ES NECESARIO CREAR UN ESPACIO, UN SITIO EN NUESTRA VIDA, UN NIDO (POR DECIRLO DE ALGUNA MANERA) DONDE EL MILAGRO VA A TENER ECO. Hay que tener un sitio donde el milagro vaya a reposar, de la misma manera como vimos en la cita del Zohar: porque las bendiciones de arriba no descansan en una mesa vacía, ni en un lugar vacío. El espacio debe o estar lleno o medio lleno pero no vacío.

Este fue el secreto del éxito del milagro que el Eterno le hizo a la esposa de Obadía, nada más tenía un poco de aceite, una pequeña cantidad y el Eterno se lo derramó en abundancia. Esto mismo es lo que tenemos que hacer nosotros en nuestras vidas. Primero aportar nosotros, dar de nosotros algo y empezar a llenar ese espacio que estaba vacío con elementos para que luego dicho espacio sea llenado a plenitud.

Ahora bien hay otros elementos que pueden ayudarnos a llenar este espacio que todos tenemos vacío.

1.- Deseo: este elemento es básico, nada hacemos en la vida que no deseemos con fervor, con intensidad. Tenemos que desear las cosas con fuerza, nada que no deseemos de esta manera se hará realidad. Nada que no hayamos logrado en nuestras vidas fue sin un deseo ardiente de lograrlo. Primero deseamos algo, primero lo visualizamos en la mente, le damos forma y a esa imagen le adicionamos ese deseo de tenerlo, de hacerlo realidad. En la medida en que más lo deseemos, en esa misma medida estamos empezando a llenar este espacio al cual nos estamos refiriendo aquí.

2.- Creencia: este otro elemento que viene a adicionar algo muy importante. Nunca podremos lograr nada en la vida si no creemos de verdad en ello, por más deseo que tengamos si no creemos que se llegue a dar, nunca lo conseguiremos. Podemos desear ardientemente por ejemplo, que podamos tener un coche nuevo de paquete, pero si no creemos que eso sea posible, nunca lo conseguiremos. Si introducimos la duda o algún elemento de incertidumbre en nuestro deseo, el espacio que pretendemos llenar se desborda y perdemos el contenido del mismo, es como si el espacio o la “vasija” que pretendemos llenar contenga un agujero.

No solo debemos creer sino tenemos que creer, es imperativo que enfoquemos nuestra energía en no solo desear sino en creer lo que estamos deseando. Aquí la fe juega un papel preponderante que viene a moldear esta creencia de manera plena, no solo creemos intensamente sino que tenemos la fe, la confianza que se va a dar.

3- El tercer elemento no menos importante es la Expectación: este elemento moldea los dos anteriores y nos da esa sensación que ya todo ha sido dicho, y que tenemos que esperar expectantes a que simplemente suceda. “Espera al Eterno en silencio” (Tehilim 37:7) Hemos hecho nuestro mejor esfuerzo, hemos creado ese espacio donde se van a dar las bendiciones, hemos pedido, hemos aportado lo mejor de nosotros, hemos agotado todas nuestras fuerzas, hemos doblado rodilla y clamado en bastante, hemos aprovechado sobremanera el espacio que tenemos. Es momento entonces de esperar, de estar expectante a que el milagro se de con la confianza absoluta en El. Ya todo lo que teníamos que hacer está hecho, nuestro espacio fue llenado de elementos necesarios para generar el milagro. “estad quietos y sabrás que Yo soy Di-s” (Tehilim 46:10), más sin embargo en este interim podemos adicionarle dos elementos más: una real Teshuvá y una buena Tzedaká, ingredientes que nunca están de más en nuestra vida con Di-s

Finalmente, el Eterno escucha todos los rezos, ninguno queda sin prestarle atención pero la realización de los mismos ya depende única y absolutamente de Su misericordia y de Su soberanía, pero igualmente debemos confiar que Su misericordia siempre nos va a alcanzar y que en lo físico se va a plasmar lo divino, lo espiritual y lograremos nuestro milagro.

A manera de síntesis, tenemos que hacer nuestro mejor esfuerzo, preparar nuestro sitio, nuestro espacio, llenarlo de luz para que sobre él recaigan las bendiciones, con un intenso deseo, una infinita creencia en la misericordia de El y un reposo en Su silencio, podremos mover la Santa Piedad para que decrete en los cielos que lo que pedimos sea cumplido de inmediato, que las leyes de la naturaleza se quiebren y en su lugar se acomoden de otra manera, a la manera que El disponga y cree una nueva realidad para nosotros.

Una vez cumplido nuestro milagro, no nos olvidemos de agradecer al Eterno con un gran banquete pletórico de manjares y exquisitos vinos y postres por el gran favor concedido que nada ni nadie pudo haberlo hecho realidad sino solo la mano Poderosa del Santo pero antes no demoremos en comunicar a los demás nuestro milagro. Hay que proclamar la misericordia del Eterno a los cuatro vientos, ello ayudará a fortalecer la confianza y la fe de otras personas ya que como bien dicen nuestros sabios todos de bendita memoria “No se puede guardar la gratitud a Di-s en secreto”

Shabat Shalom

Gabriel 

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