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por Gabriel

El Eterno se marchó y se llevó Su casa con El

Primer Templo

La construcción del Templo comenzó durante el cuarto año del gobierno de Salomón. Se tardó en construirlo aproximadamente 7 años, lo que implica que debió de terminarse en el año 961 antes era común. El Templo propiamente dicho debió ser un edificio largo y bastante estrecho, orientado sobre un eje longitudinal en dirección Este-Oeste. El edificio debió tener una longitud de aproximadamente 30 metros, 9 metros de ancho y una altura de casi 3 metros. En la fachada oriental se construyó una escalera, junto a la puerta de la entrada. A ambos lados de ésta se erigieron dos columnas, llamadas Jaquim y Boaz, la primera a mano derecha de la entrada y la segunda a su izquierda. Los sacerdotes y el rey entraban en el Templo a través de una gran puerta chapada de oro, de aproximadamente 10 metros de alto y 4 de ancho. Trás de esa puerta se encontraba el vestíbulo de entrada, el «Ulam». Después de este vestíbulo, se encontraba la estacia principal, el «Hekal» o Santo, iluminado a través de unas ventanas altas. Después de la muerte de Salomón, el templo sufrió profanaciones no sólo con las invasiones sino con la introducción de deidades siro-fenicias en ciertos periodos y sólo se restauró en varias ocasiones como en los reinados de Ezequías y Josías. Finalmente fue destruido por el rey babilónico Nabucodonosor II en 587 antes de la era común, que además llevó cautiva a una gran parte de los habitantes del Reino de Judá hacia tierras caldeas.

El Segundo Templo


Después del cautiverio en Babilonia, en 517 antes era común, los persas autorizaron a los judíos a reconstruir el templo. Alrededor del 19 antes era común, Herodes el Grande comenzó una masiva renovación y expansión del templo. Éste fue demolido y se construyó uno nuevo en su lugar. La nueva estructura es referido algunas veces como el Templo de Herodes, pero también se le sigue llamando Segundo Templo ya que los rituales de sacrificios continuaban sin disminución durante todo el proceso de construcción. En el 66 de esta era, la población judía se rebeló en contra del Imperio Romano. Cuatro años después, el año 70 de esta era, las legiones romanas bajo las órdenes de Tito reconquistaron y luego destruyeron la mayor parte de Jerusalén y el Segundo Templo. El arco de Tito, localizado en Roma fue construido para conmemorar la victoria de Tito en Judea representa los soldados romanos llevándose el Menorah del templo. Jerusalen fue arrasada por el Emperador Adriano nuevamente en el año 135 de esta era.

El relato de Flavio Josefo

¿Quién fue Flavio Josefo?

Flavio Josefo (en griego antiguo ??s?p?? / I?sêpos, en hebreo ??? ?? ?????? / Yosef bar Mattityahu o Yossef ben Matityahou, es decir, hijo de Matías), historiador judío, nació alrededor del año 37 d.C, en el seno de una familia sacerdotal de Judea ligada a la monarquía de los asmoneos. Es decir era judío. Fue testigo presencial de los acontecimientos que se produjeron antes, durante y tiempo después de la destrucción del Segundo Templo por parte de Tito.

De: “La Guerra de los judíos”

“CAPITULO V 1.- Como dije, el templo estaba edificado sobre una colina muy fuerte. Al principio la parte llana de su cumbre apenas bastaba para el santuario y al altar, ya que los alrededores eran abruptos y escabrosos. EL rey Salomón, que fue el constructor, lo protegió con una muralla por el lado oriental y añadió un claustro sobre un terraplén preparado con tal fin, permaneciendo la casa santa desnuda por las otras partes. Pero se añadieron nuevos terraplenes en los siglos siguientes, aumentando la extensión plana. Después se derribó el muro por el norte y se aumentó el espacio suficiente para dar cabida a todo el templo. Cuando se hubo elevado murallas en sus tres lados, desde el pie de la colina, y se hubo llevado a cabo una tarea mucho mayor de lo que era de esperar ( en la que se invirtieran muchísimos años y los tesoros sagrados, que, en cuanto quedaban exhausto, volvían a henchirse con los tributos enviados a Dios desde todos los lugares de la tierra habitable), se rodeó de claustros los patios superiores, y después el patio inferior del templo. Su parte más baja se levantó hasta una altura de trescientos codos y en ocasiones más , pero no se veía la hondura de los fundamentos, pues se llenaron los valles cn tierra, con el deseo de que estuvieran al mismo nivel que las callejas de la ciudad; también se emplearon piedras de cuarenta codos. La abundancia de recursos y la liberalidad del pueblo llevaron a emprender unas obras superiores a cuanto pueda decirse, mientras que con tesón y esfuerzo se llevaron a cabo una empresa de la que ni siquiera se esperaba el fin.

2.- Dignos de tales fundamentos era las edificaciones levantadas sobre ellos. Los claustros eran dobles y los soportaban columnas de veinticinco codos de alto, de una sola pieza de mármol blanco; los techos se componían de cedro delicadamente tallados. La natural magnificencia, el excelente pulimento y la armonía de las juntas de estos claustros ofrecían una perspectiva notabilísima; en la fachada no tenían adorno alguno de pintor ni entallador. Los pórticos del patio exterior, tenían una anchura de treinta codos y su circuito, que incluía la torre Antonia, era de seis estadios. Los patios el aire libre estaban pavimentados con gran diversidad de piedras. En el tránsito desde estos primeros claustros el

segundo patio de templo, había una diversidad de piedra alta de tres codos, muy elegante. Había en ella pilares equidistantes declarando en letras griegas y romanos que ningún extranjero debía penetrar en el santuario, pues el segundo patio del templo llamábase el Santuario. Se subía a él por catorce gradas. Este patio era cuadrado y tenía un muro privativo. La altura de sus edificios pasaba por fuera de los cuarenta codos, pero la ocultaba una escalinata; en el interior quedaba reducida a veinticinco. Construido escalonadamente en la parte más alta de la colina, no se pía ver todo lo de dentro, cubierto por la misma colina. Más allá de las catorce gradas había un espacio plano de diez codos; después venían más escalones, cada uno de ellos de cinco codos, que llevaban a las puertas, ocho por el norte, y por el sur, cuatro a cada lado y dos necesariamente por el Este. En este sitio las mujeres tenían un lugar privado para rezar, de aquí que su hubo de practicar una segunda entrada para ellas en el muro frente a la primera. También había una en el lado septentrional y otra en el meridional, por las cuales se pasaba al patio de las mujeres, que no podían cruzar las otras puertas: no siquiera podían traspasar su propio muro. Este reciento se reservaba a las hembras de nuestra patria y a las de otras naciones, siempre y cuando fuesen del mismo pueblo. La porción occidental de este patio carecía de puerta. La muralla era continua y fuerte. Los claustros que mediaban entre las puertas se dirigían hacia las cámaras sustentados por hermosas y grandes columnas; eran sencillos y no diferían más que en la grandeza de los del patio inferior.

…4.- El lugar más sagrado de todo el templo estaba en medio y se llega a él por doce gradas. De frente, la altura y la anchura era de cien codos, y por detrás tenía cuarenta codos menos, porque la fachada se alargaba como dos hombros, veinte codos por cada lado… La fachada estaba cubierta de oro, que relucía también en cuanto había en esta primera porción de la casa, de modo que todo en ella parecía brillar a ojos de los recién llegados. .. Como ya hemos comentado…la entrada que se hallaba en esta primera parte de la casa, lo mismo que su pared, estaba forrada de oro: en lo alto tenía pámpanos dorados, cuyos racimos poseían las dimensiones de un hombre.

…CAPITULO VI 1.- Los hombres belicosos de la ciudad y los revoltosos partidarios de Shimón ascendían, descontados los idumeos, a diez mil, mandados por cincuenta jefes, de los cuales Shimón era el supremo. Los idumeos que la ayudaban eran cinco mil, con ocho capitanes, siendo los más famosos de ellos, Iaacov, hijo de Sosas y Shimón hijo de Cathla. Juan que dominaba el templo, tenía seis mil guerreros a las órdenes de veinte jefes, más dos mil cuatrocientos zelotes, pasados a su bando, dirigidos por su anterior cabecilla Eleazar y Shimón, hijo de Arino. Como ya indicamos, el pueblo era la presa que se disputaban estas facciones, que robaban a los que no se sumaban a sus maldades. Shimón era duelo de la ciudad alta, de la gran muralla hasta el Cedrón, de gran parte del viejo muro hasta donde dobla en Siloé hacia el Oriente, en el palacio de Monobazo, rey de los adiabenos allende el Eufrates, de la fuente, del Acra, que no es más que la ciudad inferior, e, incluso, del palacio de Elenam madre de Ofla y del valle de Cedrón. Los contendientes habían quemado los lugares

interpuestos, transformándolos en campo de batalla, pues sus diferencias no concluyeron siquiera cuando los romanos acamparon muy cerca de las murallas, Poco duró la duda que despertó el primer ataque de los romanos, pues volviendo a su anterior demencia, se separaron, pelearon y, en fin hicieron cuanto los sitiadores podían hacer. Pero los sufrimientos que debidos a los romanos no tuvieron tanta monta como los que ellos mismos se produjeron. Todas las calamidades que se abatieron sobre la ciudad después de su mando no pudieron estimarse inauditas, porque fue más desdichada antes de la conquista que cuando entraron en ella los conquistadores. En una palabra afirmo que la revolución destruyó la ciudad y que los romanos destruyeron la revolución, hazaña ciertamente más difícil que tomar y abrir los muros. Por tanto, se podrán atribuir, con razón, a los de casa la parte odiosa de los acontecimientos y a los romanos la parte justa. Cada cual lo considere pues, según le den a entender los hechos.
2.- Estando los asuntos internos en dicha situación, Tito recorrió todo el exterior de Jerusalén con un cuerpo de caballería escogido buscando el sitio más adecuado para atacar. Comprendiendo que no podía dar el salto por la parte de
los valles, casi inaccesible, o batir la primera y sólida muralla con la máquina de guerra, decidió acometer por el sepulcro de Yohanan, el sumo sacerdote, donde era más baja y el segundo muro se no se unía con ella a causa de que la ciudad nueva estaba habitada. Desde allí tendría fácil entrada hacia el tercero, por el cual pensaba poder conquistar la población superior y, a través de la torre
Antonia, el templo…
… Las armas ofensivas de las legiones eran maravillosas, las más extraordinarias eran las de la décima, que arrojaban dardos y piedras a mayor distancia que las demás, rechazando no solo a los judíos que salían sino a los que se guarnecían en
las murallas. Las piedras lanzadas pesaban u talento y cubrían una trayectoria de dos o más estadios. Nada aguantaba su empuje; caían tanto los primeros con quienes chocaban como los que se hallaban detrás…

…LIBRO SEXTO: CAPITULO I: Los acontecimientos de Jerusalén iban de mal en peor cada día, irritando a los sediciosos pues hacía presa en ellos la misma hambre que atormentaba al pueblo. Los cadáveres amontonados constituían una visión espantosa y emanaba un hedor horrible que detenía a los deseosos de salir a luchar con el enemigo. Pero los autores de diez mil asesinatos, que marchaban en orden de batalla, no se asustaban ni se compadecían cuando marchaban pisoteándolos; ni aún tenían por mal agüero maltratar a los muertos. Con las mismas manos manchadas de sangre de sus compatriotas, se aprestaban a abalanzarse sobre sus enemigos los romanos.

5.- Tito se retiró a la torre Antonia, resuelto a asaltar el templo a primeras horas de la mañana siguiente, embistiendo el santuario desde todos los ángulos. Hacía mucho que Dio lo había condenado al fuego. Sonó la hora fatal, tras el correr de los siglos: fue el décimo día de Loos, el mismo día en que fue también incendiado por el rey de Babilonia… Uno de ellos sin que nadie se lo mandase y sin vergüenza ni temor de su proeza tan enorme, cogió una madera encendida y aupado por un

compañero, prendió fuego a una ventana de oro, por la cual era posible entrar en las estancias de la parte septentrional del santuario. Las llamas se propagaron. Los judíos se desesperaron a tal grado que ya no les importaba sus mismas vidas ni de reservar sus fuerzas, puesto que iba a desaparecer lo que hasta entonces había sido el objeto de su máxima vigilancia.

CAPITULO V: 1.- Mientras el templo ardía ocurrió el saqueo de cuanto se hallaba a mano y la matanza de todos los que eran presos fue inmensa. No hubo misericordia para la edad ni respeto para la dignidad: niños, ancianos, gente profana y sacerdotes perecieron de igual modo. EL fragor del incendio era tal, que de lejos parecía que toda la ciudad estaba en llamas. Nadie imaginaba algo tan sublime o más espantoso que aquel estruendo producto de las llamas que lo devoraban todo…


CAPITULO VI: 1.- Tras la huida de los sediciosos a la ciudad, la quema del santuario y el incendio de los edificios contiguos, los romanos plantaron sus estandartes en la puerta oriental del templo y luego de ofrecerles sacrificios a sus dioses, proclamaron con grandes aclamaciones de júbilo emperador a Tito. Los romanos habían reunido tanto botín en los saqueos, que el peso de otro se vendió en Siria en la mitad de su valor anterior. Finalmente el templo había sido quemado en su totalidad.” (Flavio Josefo: La Guerra de los judíos)

Como podemos apreciar en extensu, este historiador, aunque tengo muy serias dudas acerca de su objetividad como tal, de alguna manera y muy a pesar del sesgo, nos legó acontecimientos que sucedieron horas y minutos antes de la gran tragedia de la destrucción de nuestro segundo templo, describiendo crudamente todo lo que sucedía en esos momentos. Deseo también aportar de nuestras fuentes legítimas, otro punto de vista para que tengamos una visión global de lo ocurrido y que cada uno de nosotros podamos sacar nuestras propias conclusiones.

“Los siguientes párrafos, extraídos de “La Odisea del Tercer Templo”, escrito por el Rabino Israel Ariel y el Rabino Jaim Richman de El Instituto del Templo, (Copyright en el registro de la propiedad literaria 1993, ya no disponible en impresión), narra el cuento de una nación que se enfrenta a la destrucción y que, con gran fuerza de voluntad, dirige cada pensamiento y acción hacia el día cuando esa tragedia se convertirá en alegría - con la reconstrucción del Gran Templo de Jerusalem.

El Templo Sagrado Está en Ruinas
El poderoso Imperio romano, que gobernó sobre gran territorio del mundo antiguo, enroló las fuerzas más finas de la élite de legiones en Judea. No se puso ningún esfuerzo en recobrar el honor perdido en la rebelión que se arrojó en Jerusalén contra la ocupación de los Cesares. La campaña tenía un único
objetivo: la rebelión debe ser apagada.

La ciudad fue sitiada por muchos largos meses. La población, que seguía combatiendo, pero ahora muriéndose lentamente por el hambre, todavía se negaba a rendirse ante los conquistadores romanos. Con sus últimas fuerzas, los héroes de Judea lucharon para proteger al Templo. Cuando la destrucción estaba cada vez mas cerca y ya era inevitable, los sacerdotes ocultaron muchas de las vasijas sagradas en varias ubicaciones a través del Templo y Jerusalem.

Los Últimos Momentos del Templo
Hasta los últimos minutos de la guerra, los sacerdotes siguieron llevando a cabo sus tareas sagradas, incluso que los patios del Templo fluían con la sangre de los asesinados y el fuego rugía en las entradas. El alcance de la tragedia es registrado en las palabras de los rabinos: "El día en el que el Templo fue destruido era el noveno día del mes de Av. era la conclusión del Shabat, y el fin del ciclo del séptimo año. Era durante el tiempo del (cambio sacerdotal) de Yehoyiriv". "Los sacerdotes y los levitas se pararon en la plataforma y continuaron cantando... y no dejaron de hacerlo hasta que el enemigo entró y los subyugó". (BT Erjin 11: B)


"Cuando el Sumo Sacerdote vio que el Templo Sagrado estaba en llamas, él subió al techo del Santuario junto con un grupo de jóvenes sacerdotes. Ellos sostenían las llaves del Templo en sus manos y hablaron ante el Santo, Bendito es El:
¡”Maestro del Universo! Parece que nosotros no fuimos dignos de ser fieles servidores hacia Ti- toma de regreso las llaves a Tu casa'! Seguidamente, ellos tiraron las llaves hacia arriba. La imagen de una mano pareció en los cielos y las
tomó... "" Y cuando los sacerdotes y los levitas vieron que el Templo Sagrado era consumido verdaderamente por las llamas, ellos tomaron las liras y las trompetas... y se hundieron en el fuego". (Eija Rabtai)

El servicio del Templo se cortó durante el progreso de la destrucción – ya que su interrupción nunca puede ser imaginada; ni en la guerra, ni en la destrucción. Ni siquiera mientras el fuego ardía dentro del Templo mismo. El Talmud y el Midrash presentan una descripción detallada de cada etapa de la destrucción. Las imágenes vívidas también son proporcionadas por Flavio Josefo, un testigo ocular de la destrucción y el desfile de victoria en Roma. Los sabios describen la jornada recorrida por Tito en su retorno a Roma desde Jerusalem: " Tito quitó el velo (que separaba entre el Santuario y el Kodesh Kodashim) y lo esparció como si fuera una red. El reunió todas las vasijas sagrados y las colocó adentro, y entonces se embarcó hacia Roma, para jactarse y buscar honor". (BT Gittin 56)

Aunque a niveles simplemente políticos y militares hubo muchas victorias más significativas para el Imperio romano que la destrucción de Judea, ellos decidieron conmemorar este acontecimiento y preservarlo para futuras generaciones - el monumento célebre, el "Arco de Tito". Aquí la captura de Judea es celebrada, y el desfile de la victoria del saqueo de las vasijas del Templo que llegan a Roma, pueden ser vistas incluso hoy mismo. Durante largos y amargos años, esta escena llegó a ser el símbolo del exilio judío, pero la esperanza nace en los momentos más oscuros...


(En este relieve se aprecia la Menorah del Templo, llevada por los romanos,
celebrando su triunfo luego de la destrucción del Segundo Templo)

"El Día que el Templo Fue Destruido - El Mesías nació"
Los romanos tenían la convicción de que la saga de la historia judía había terminado. Según su comprensión, el pueblo judío seria dispersado y asimilado, y desaparecería de escena.

Pero en realidad, ocurrió todo lo contrario: el pueblo judío junto fuerza interior y se prepararon para el largo exilio, acompañado de sufrimiento y persecución.

Un nuevo centro espiritual fue establecido en la tierra de Israel por el Rabino Iojanan ben Zakai, en un modesto asentamiento llamado Kerem. Pero el símbolo y bandera de la nación permaneció el mismo, dondequiera que viajar…el Templo Sagrado. La nación no se sometió a la derrota espiritual, ni dudaron por un minuto de que el Templo debía ser reconstruido:” El mismo día (en el que el Templo fue destruido), Menajem (el Mesías) nació” (JT Berajot 2:4).

Esta hermosa declaración del Midrash expresa el corazón y conciencia del pueblo judío y la experiencia colectiva judía: esperanza y renacimiento nacen en la misma tragedia. La promesa de la eventual redención estaba presente en el mismísimo momento de la destrucción. Los peores momentos del final parecen únicamente reforzar el cumplimiento de la promesa del regreso al servicio Divino
– la reconstrucción del Templo Sagrado.

Ya en el momento de la destrucción, los sabios de Israel tomaron precauciones y arreglos fueron hechos para preparar a la nación para reedificar el Templo en el primer momento posible. Hubo también varias tentativas históricas a través del exilio de erigir el Templo y renovar el servicio – ya que los rabinos plantaron estas semillas profundamente, inmediatamente cuando el Templo fue destruido. Ellos sabían que estas semillas crecerían finalmente y darían resultado... la hora del establecimiento del Tercer Templo.

Gabriel

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