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por Gabriel

MALSINDAD

El término "malsindad" proviene del verbo "malsinar" que conforme el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua significa: "Acusar, incriminar a alguien, o hablar mal de algo con dañina intención".

Establecida la premisa entremos en el fondo del tema. La vida que llevamos es única, no tenemos más que una por lo que deberíamos esforzarnos en hacerla dichosa. Una vida dichosa está pletórica de ambición sana y de esperanza positiva encarada hacia un mejor mañana. De ahí que vida y felicidad, unidas, conforman uno de los dones más preciados y bellos que pueda tener ser humano alguno. Sin embargo esta presea está rodeada de arteros enemigos que la corrompen no con poco denuedo. Me refiero a las guerras, enfermedades, descontentos y decepciones y otros males que tienen sin cura aparente a nuestra ya, con todo respecto, roída sociedad.

Un enemigo pertinaz que podemos sin mala intención, adicionar a la ya triste lista anterior, es precisamente una mala costumbre casi patológica en nosotros conocida como MALSINDAD. La lengua maliciosa que difama a las personas, que divulga falsos rumores acerca de otros, que tuerce de mala fe la realidad para hacer parecer a otros disonantes, que incita a unos en contra de los otros, que divide familias enteras y que exacerba nuestros ánimos hasta límites inimaginables. A causa de esta malsindad se han derramado ríos de lágrimas dejando una estela de dolor y rencor por doquiera que ella pase. De la misma manera que un tornado deja su huella donde pasa de igual manera la malsindad deja una herida abierta y difícil de curar. Una vez leí algo que no puedo citar textualmente porque ni siquiera recuerdo de quien era, pero en mi media memoria decía que cuando una persona echa a volar un chisme o difama a otro, es como si soltara al viento una almohada repleta de plumas a los cuatro vientos: nunca será posible recoger todas las plumas. Un ligero soplo de la malsindad es capaz de apagar la llama más sólida, la flama más fuerte que ha resistido tempestades. Unas cuantas palabras bastan para destruir por completo una vida y arruinar la reputación que tiene una persona como su joya más valiosa. No por algo nuestro primer pecado fue por la lengua maliciosa y mentirosa de una víbora que sedujo la candidez de Java, logrando quedarse esa serpiente de malsindad en nosotros desde entonces, causando daño gratuito sin cesar y de manera indiscriminada. El Talmud se refiere de manera mordaz al pequeño miembro prisionero per se, que causa tanto daño. "Vean esta lengua, que en cambio que los demás miembros humanos, dice Hashem, que se encuentran fuera, expuestos al frío, al calor y a muchas otras dificultades, ésta se encuentra colocada dentro de la boca humana, doblemente protegida por los labios y los dientes, debía ella estar contenta y portarse bien, sin embargo causa más daño, que todos los miembros en conjunto"

Cuenta también el Talmud que una vez pasaron todos los animales frente a la serpiente. El león, de manera artera y directa le dijo: sabes, yo mato por hambre, nunca gasto energías matando más ella de lo que pueda comer, pero tu en cambio clavas tu veneno en los demás y luego te marchas tranquila, sin aprovechar las víctimas, eres una asesina cruel. Uno a uno pasaron todos los animales y le dijeron cada uno casi lo mismo. Al final ella inmutable y descarada les dijo: es cierto lo que dicen, pero pregúntenle también al hombre quien posee un veneno más poderosos que el mío, ya que el mío mata a los pocos segundos y no aflige a la víctima con una larga muerte, pero el del hombre que produce su lengua, asesina poco a poco hasta que al cabo del tiempo, años quizás, termina por matar en vida a una persona. Tampoco saca provecho el hombre de sus víctimas, lo hace por puro placer...

Finalmente debemos reconocer de igual forma que no solo el que ejercita el detestable y cruel ejercicio de malsinar es responsable de serio reproche divino, sino también el que presta oídos a la difamia de otros y además debemos reconocer que aquella persona que malsina a otros en nuestra presencia y que se place haciéndolo, de igual manera lo hará con otros con respecto de nosotros.

En estos días que aún tenemos tiempo para arrepentirnos de manera efectiva y clamar por perdón y misericordia ante el Soberano Juez, tengamos en cuenta esto muy en serio y si en algún momento hemos malsinado en contra de nuestro prójimo, es un grave pecado que debemos expiar antes del Día Temible y que debemos hacerlo de forma directa, frente a frente si es posible con aquel o aquellos con los cuales de manera injusta hemos hablado de manera indebida y sin razón, solo por puro placer de dañar.

Gabriel 

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