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por Gabriel

SOLICITANDO EL FAVOR DIVINO

La gran mayoría de las veces y casi siempre de una manera ingenua, damos inicio a nuestras peticiones al Eterno, con la esperanza que las mismas sean atendidas a la mayor brevedad posible. Nos presentamos normalmente como lo hacemos en una tienda demandado tal o cual producto, cuando en realidad las cosas en los mundos espirituales tienen implícita una mecánica asaz diferente a lo que estamos acostumbrados.

De igual forma, creemos que el solo hecho de pedir demanda ya de por sÍ, el esfuerzo que tenemos que hacer para conseguir lo que nos urge, se plasme en la realidad. Nada más alejado de la realidad.

Existe una disposición divina contemplada en el Sefer Shemot que nos puede ilustrar muy bien este punto y traernos luz para comprender mejor la manera en que el Santo Bendito Uno razona y desea que sean las cosas. “Si ves el asno de tu enemigo caído debajo de su carga ¿te abstendrás de ayudarlo? (Shemot 23:5) El Rabino Jacobo Benzaquen de bendita memoria en su compendio de comentarios de los libros de la Torá, al respecto nos dice: “CIERTAMENTE LO AYUDARAS. En hebreo AZOV TAAZOV IMMO, que literalmente significa, “dejar dejarás con él” Es decir, no podrá dejar el lugar hasta que el arriero, tu enemigo, haya resuelto el problema y se vaya, sólo así podrás irte tu también.” Rab Jacobo Benzaquen, Sefer Shemot pag. 178)

A lo anterior se adiciona un comentario sumamente interesante que nos obsequia el Rab. Amram Adnijar en su libro “El secreto de la rencarnación” donde nos ilustra con una explicación más profunda, desde un punto de vista del “SOD”, “es decir donde se refleja la parte profunda y mística de la Torá, conocida más como la Cabalá, fase que fue desarrollada y sostenida en secreto, como lo indica la misma palabra “SOD” que significa en hebreo SECRETO” (Rab Adnijar, El secreto de la encarnación, pag. 15)

Desde este punto de vista del “secreto” nuestros sabios indican que la expresión “con él” significa que “debemos ayudarle solo cuando el otro participa y se esfuerza. Si alguien te dice: “Descarga mi burro mientras voy a tomarme un café…” no tienes ninguna obligación de ayudarle, porque no es con él” (IBIDEM, pag. 230)

Esta referencia nos remite a un artículo pasado donde in extenso comentamos acerca de lo que significa el verso 1:9 del libro de Yehoshúa cuando el Santo Bendito Uno nos indica: “¿No te he mandado Yo? Ten fortaleza, pues, y buen ánimo; no temas ni te amedrentes, porque el Señor Tu Di-s está contigo dondequiera que vayas” (Rab Benzaquen, Sefer Yehoshúa pag. 11) Significando esto, que es un mandato del Eterno Santo Bendito Sea, ante cualquier adversidad, ante cualquier cosa en la vida, el ser fuerte, no tener miedo y no dejarse amedrentar por nada ya que El, estará con nosotros donde quiera que vayamos. Como vemos es un mandato que finalmente termina en una promesa del Santo, que si así actuamos El siempre estará con nosotros donde vayamos.

Ahora bien, uniendo las ideas anteriores y volviendo a lo que vimos en Shemot 23:5 podemos concluir que debemos ayudar al prójimo siempre y cuando este haya hecho su mejor esfuerzo, haya empeñado toda su energía para obtener lo que desea y aún así no lo está logrando, ya que en dicho caso, no podemos marcharnos sin ayudarle a lograrlo. Pero como vimos demanda un esfuerzo del otro.

“La política de Di-s es igual: ayuda a todos los que se lo solicitamos, pero con una condición: que nosotros pongamos nuestro máximo esfuerzo y entonces Di-s le ayudará a levantar su carga con él. Y donde termina el esfuerzo humano empieza el milagro Divino” (Rab. Adnijar El secreto de la rencarnación, pag. 230)

Estas pocas palabras de este apreciado rabino ilustran de una manera absolutamente diáfana la idea central de este breve comentario. En pocas palabras, estamos obligados a ayudar a aquel, solo cuando este se esfuerza con denuedo, con arrojo y coraje, quien a pesar de que se le cayó la carga y hace ingentes esfuerzos por levantarlas hasta el agotamiento de todas sus fuerzas, no lo está logrando. Solo en ese momento es que es un deber para nosotros prestarle toda la ayuda y nuestro esfuerzo para juntos, lograr, en este caso, poder alzar la pesada carga que lo embarga. De esta manera igualmente es como el Eterno opera, requiere de nosotros esfuerzo, demanda coraje y valentía para enfrentar las cosas de la vida, no miedo, temor o amedrentamiento por la adversidad sino por el contrario decidido arrojo y valentía.

Esto nos indica de una manera clara que no podemos lanzar nuestra carga sobre los demás, comprometerlos a inútiles ayudas en plegarias y consejos si no hacemos nosotros nuestro mejor esfuerzo por resolver las cosas. Hay momentos y situaciones en la vida que nos enfrentamos a circunstancias difíciles, fuertes y a las cuales no les encontramos salida alguna, pero precisamente ahí es donde requerimos obedecer al Eterno como nos manda en Yehoshúa 1:9, tomar el valor y el coraje para hacerle frente a la adversidad y demostrarnos y demostrar-LE que hemos hecho nuestros mejor esfuerzo, que agotamos nuestras fuerzas y que a pesar de ello estamos cerca a desmayar. En estos casos el Eterno se derrame en amor y envía sus ángeles en nuestro auxilio.

No es evadiendo nuestras responsabilidades ni postergándolas para otro momento cuando nos vemos compelidos a actuar, sino que debemos hacerlo en todo momento en nuestra vida. No podemos pedir ni clamar para que el Eterno nos ayude si no nos hemos ayudado nosotros mismos antes, no le podemos pedir al Eterno por ejemplo, que modifique a otras personas y las atraiga al judaísmo o que los convierta, por el contrario con valor y coraje nosotros tenemos que seguir adelante aunque sea solos. No podemos de ninguna manera poner al Eterno en segundo lugar en nuestras vidas, anteponiendo otras cosas, cuando lo más importante que todo ser humano puede obtener es el favor de Hashem en nuestras vidas y ese favor solamente se logra sirviéndole de manera incondicional, aunque ello demande un gran esfuerzo de nuestra parte. Así y solo así es que obtendremos Su ayuda pero primero seamos valientes, con coraje y arrojo demos el primer paso.

A manera de ilustración permítanme una cita in extensu del Rab Abnijar del libro citado, ya que me parece asaz interesante y que se ajusta perfectamente el tema que estamos tratando de elucidar aquí.

“…la tribu más sagrada del pueblo de Israel, de la que provienen los sacerdotes y los cohanim que nos bendicen diariamente, es la de Leví, cuyo nombre proviene de la expresión de Lea al tener su tercer hijo: “Ahora me acompañará mi esposo, ya que es mi tercer hijo…” Explican nuestros sabios que dijo: “En una mano tengo a Reuben, en la otra a Shimón. Para cargar a este tercer hijo, obligatoriamente tendrá que ayudarme mi esposo…” Sin embargo, la explicación profunda (SOD) es la siguiente: el pueblo de Israel se considera la pareja de Di-s y solo cuando tienes las dos manos ocupadas, entonces y solo entonces Di-s nos acompaña y “nos echa la mano”

Este mismo mensaje se repite con el Arca que cargaban los leviim, la cual era muy pesada para ser cargada. Nuestros sabios dicen que al finalizar un esfuerzo físico entre los cuatro para levantar el Arca y ponerla a la altura del hombro, en ese momento que ya habían agotado sus fuerzas, empezaba el milagro en el que el Arca, cargaba a los cargadores, que de alguna forma flotaban y de ahí viene la palabra levitar, de los leviitas que eran cargados por el Arca. El motivo por el cual el milagro no ocurría mientras el Arca estaba en el piso, es para enseñarnos que primero haz tu máximo esfuerzo y después Di-s hará el resto” (IBIDEM pag 230-231)

Cuando el Eterno Santo Bendito Sea ve nuestro esfuerzo, ve que de verdad estamos haciendo lo mejor, que no tememos, que dejamos el miedo y la cobardía de lado y que cumplimos Su voluntad como nos lo demanda en Yehoshúa 1:9, es cuando nos presta esa ayuda que requerimos a solo instantes de caer. Por eso tenemos que ser valientes y no escudarnos tras excusas o justificaciones tontas que muy lejos de ayudarnos, más bien nos hace retroceder. Y si nuestra misión que nos fue encomendada en esta vida fue precisamente vencer el miedo, el temor a la pareja, a la familia, al prójimo y no vencemos ese temor con arrojo, coraje y valentía, simplemente tendremos una encarnación perdida y tendremos que volver a esta tierra con más cargas y sufrimientos por haber dejado de lado y desperdiciado una exquisita oportunidad de sobreponernos, vencer el temor y el miedo y lanzarnos sin más ni más en brazos de quien en verdad nos puede salvar de futuros dolores y sufrimientos.

Recordando una cita de Aristóteles a quien se le adjudica el haber dicho esta frase por primera vez en su Metafísica según dicen los expertos y que si mal no recuerdo decía: “el todo es anterior a la parte” o bien “El todo es más que la suma de sus partes” y a modo de conclusión nos reafirma que Di-s, El, El Santo Bendito Uno, es más importante que todas nuestras vicisitudes por las cuales pasamos y que ante todo y primero que nada, tenemos que servirle como merece porque El: está ANTES QUE CUALQUIER COSA, ANTES QUE TODO.

GABRIEL

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