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por Gabriel

EL MES DE JESHVAN Y EL INICIO DEL MABUL

Mucho tiempo antes de siquiera concebirse la idea de un mabul, el hombre vivía de manera cómoda, su vida era simple, tranquila, apacible y no requería de mayor esfuerzo para vivir. El Eterno se había encargado de facilitarles en demasía su manera de vida. En el Midrash Bereshit Rabá se nos dice que tanto la concepción como el nacimiento de un pequeño se llevaban acabo el mismo día y que además de ello, los niños recién nacidos tenían la capacidad de ponerse de pie, caminar y hablar inmediatamente después del parto. (1) Además estas personas contaban con una fuerza física extraordinaria ni siquiera se veía mermada en tiempos de vejez, sino que más bien, se volvían más fuertes poderosos con los años.(2) Además como si esto fuese poco, no conocían sufrimiento de clase alguna (3) Ellos sembraban para su subsistencia solamente una vez cada cuarenta años y esta cosecha les era en bastante para los siguientes cuarenta años que seguían. (4) El tiempo les era favorable por completo, no había como hoy, estaciones marcadas sino que vivían en una constante primavera. (5)

Todas estas comodidades les fueron más bien en perjuicio. El hombre cuando todo lo tiene olvida siempre a Quien le provee de toda su comodidad y necesidad y más bien suele alejarse de su Creador. Debido a todas estas prerrogativas el hombre antediluviano menospreció al Eterno y más bien proclamaron: “¿Para qué lo seguimos necesitando? Ni siquiera necesitamos su ayuda para conseguir agua ya que no necesitamos de la lluvia. Estamos absolutamente provistos de agua de diferentes fuentes: tenemos los ríos y los pozos de la tierra.” El Eterno les respondió: “¿Es justamente con la misma generosidad que les otorgué, que se revelan contra Mi? Los castigaré con la misma sustancia, agua de lluvia, y por lo tanto: “Y he aquí, que yo traigo el diluvio (6:17) (6)

Como vemos la comodidad y el extraordinario trato que les había dado el Eterno no les fue suficiente sino que además fueron mal agradecidos y se dieron, debido a su ocio y poco esfuerzo, producto como vimos de la Misericordia del Eterno, a la tarea de dedicarse al mal y fue así como en dicha época antediluviana se incrementó en demasía la idolatría, el derramamiento de sangre y la inmoralidad. (7)

A pesar de todo ello, el Eterno seguía manteniendo hacia ellos una actitud de benevolencia y misericordia como pocas veces, sin embargo a lo anterior se adicionó a la conducta de las gentes de ese tiempo, otro elemento que fue el que sobrepasó la Santa Paciencia y provocó la ira del Santo. Me refiero al “robo” Se convirtieron en ladrones consuetudinarios , ya no sembraban sino que le robaban al vecino su cosecha, se robaban los animales y si veían un burro o un buey en manos de un huérfano, un desamparado o una viuda igualmente se lo quietaban. La gente estaba tan temerosa incluso de que los despojaran de sus vestimentas que preferían andar desnudos por temor a ser robados de lo único que les quedaba. (8)

El robo entonces fue la gota que derramó la copa y por qué? Por qué no la idolatría, el derramamiento de sangre y la inmoralidad? El robo socaba la misma estructura de la sociedad, socaba el respeto por lo ajeno y lleva al hombre al límite de la barbarie al no esforzarse por sus cosas sino que más bien prefiere quitárselas a los demás, fomentando una forma de vida vergonzosa y antinatural donde el hombre llegó a vivir del “pan de la vergüenza”

Por lo anterior la ira del Eterno se encendió y proclamó: “El fin de toda carne llegó ante Mi” (Bereshit 6:13)

Fue así como el día 17 de Jeshván del año 1656 el Eterno concretó su decreto y los cielos reventaron empezando el mayor y único diluvio que ha habido en toda la historia de la humanidad. (9)

Desde el momento que el Eterno le comunica a Noaj su propósito transcurrieron 120 años, tiempo extra que el Santo le dio de más a la humanidad para que reflexionara y se arrepintiera de sus actos y volviera a los caminos del bien y dejara detrás su malsindad. Concluidos estos 120 años, el Eterno le concedió al hombre siete días más, durante los cuales Sus manifestaciones se tornaron asaz conspicuas y de manera alguna podían ser pasadas por alto. El sol salía por el poniente y se ponía por el este, tiempo que aprovechó el Santo para que el hombre tomara conciencia del mundo que tenía, se los hizo placentero, lindo y agradable similar al Gan Eden pero lamentablemente todo esfuerzo fue inútil y las aguas tanto el cielo como de las profundidades irrumpieron sobre la generación de Noaj. (10)

Iniciado el Mabul las aguas no se detuvieron y llovió como nunca antes por cuarenta días pero no solo del agua de lluvia se inundaba la tierra y tampoco la aguas que estaban llenando la tierra eran frías. Dice el Midrash que cada gota que Hashem enviaba había sido primero hervida en el Gehinom. (11) Además la lluvia era tan tremendamente caliente que la piel se pelaba (12). Además del agua de arriba se abrieron todos los pozos y las respectivas fuentes de los cuales emanaban aguas hirvientes. (13) Me imagino que muy posiblemente por los conos volcánicos y las grietas profundas y las fisuras en los límites de las placas marinas emanaban mantos de lava hirviente que calentaban las aguas al extremo. Imagino con horror el hedor de la carne caliente e hirviente tanto de los seres humanos como de los animales, realmente el panorama no podía ser peor.

“Los malvados fueron exterminados a la vista de todos. Su muerte fue de la siguiente manera: agua caliente brotaba del abismo, y cuando alcanzaba la piel de la carne, y luego la carne de los huesos; entonces los huesos se desmembraron, no quedando dos juntos, y asi fueron completamente borrados y eliminados”. ( Zohar Ha Kadosh, Parasha Noaj)

El Mabul continuó hasta el día 27 de Kislev, duró 150 días, sin embargo a pesar de que cesaron las lluvias del cielo, de las profundidades continuaba saliendo agua e inundando la tierra, y no fue hasta el día 1ro de Siván que el Eterno recordó los méritos de Noaj y decidió cerrar las fuentes abiertas de la tierra y mandó al viento para que se dispersaran las aguas. (14)

La Torá siempre se refiere a Noaj como un hombre justo, sin embargo nuestros sabios han aclarado siempre esto en el sentido que él fue el más justo de “su” generación y nos cabe la pregunta, muy válida por cierto, “Por qué Noaj, siendo un hombre justo, no hizo desaparecer la muerte del mundo? La razón es que la escoria de la serpiente aún no había sido apartada del mundo, y además, su generación no creyó en el Santo, Bendito Sea, y todos ellos se inclinaban a las “hojas inferiores del árbol” y se vestían con un espíritu impuro. Además persistieron en sus pecados y seguían su mala inclinación como antes, y aún no había sido traída a la tierra la Santa Torá, que es el Arbol de la Vida. Más aún Noaj mismo trajo muerte al mundo, por su propio pecado, acerca del cual está escrito: “Y él bebió del vino y estuvo ebrio, y estaba sin cubrirse dentro de la tienda” (Bereshit 9:21) (15)

Como vemos de la cita del Zohar HaKadosh, la razones que mediaron para semejante juicio sobre la humanidad definitivamente abundaron.

Hoy día lamentablemente las cosas no distan mucho del panorama de entonces y como vimos el robo fue la causa final que colmó la Santa Paciencia. Si echamos un vistazo a la realidad de nuestros países, de manera clara sin duda alguna podemos comprobar en un instante que hoy día los índices de criminalidad han aumentado de manera alarmante, especialmente el robo. Cada día hay más delincuentes y todo tipo de ladrones, desde el simple ratero al gran señor de “cuello blanco”

A manera de corolario y de reflexión, si bien es cierto el Santo, Bendito Sea empeñó su palabra en no mandar un castigo semejante sobre la tierra de manera general, (Bereshit 8:21) si podemos apreciar muy fácilmente que las lluvias no cesan, que las inundaciones están a flor de piel y las muertes por deslaves y cabezas de agua son cosa de todos los días. Aquí mismo en Centro América, por solo citar un área geográfica determinada, al momento de escribir este breve artículo, tenemos más de dos semanas de no ver el sol y tormenta tropical tras tormenta tropical y huracán tras huracán, no nos dan tregua, acumulando en nuestros países muerte, desolación, hambre y más pobreza. Tenemos que tomar muy en serio todo esto y hacer caso de las advertencias de nuestro amado Padre.

Gabriel 

  • 1. Bereshit Rabá 36:1
  • 2. Midrash Ha Gadol 6:4, Bereshit Rabá 34:13
  • 3. Midrash Ha Gadol 6:4
  • 4. Midrash Tanjuma Bereshit 40
  • 5. Midrash Tanjuma Bereshit 40
  • 6. Sanedrin 108
  • 7. Bereshit Rabá 31:6
  • 8. Midrash Tanjuma Noaj 26
  • 9. Bereshit Rabá 39:2
  • 10. Sanedrin 108-b
  • 11. Bereshit Rabá 28:9
  • 12. Midrash Ha Gadol 6:1
  • 13. Midrash Ha Gadol 7:20
  • 14. Bereshit Rabá 32/, Bereshit 7:24, Bereshit Rabá 33:4
  • 15. Zohar HaKadosh, Parashá Noa

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