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por Gabriel

¿Qué tenemos que decirle al Eterno?

Muchas veces espiritualmente no sentimos, y por decirlo de alguna manera, secos, en medio de un desierto repleto de soleadas y tostadas piedras y con gran cantidad de tunas a nuestro derredor. No experimentamos, debido en gran parte a nuestra multitud de problemas que nos aquejan, las grandes bendiciones que Hashem tiene para cada uno de nosotros a diario. Nos empeñamos en seguir rumiando nuestras desgracias y lamentándonos por la leche derramada, no dándonos cuenta que Hashem no habita en un cuerpo triste, enojado, abatido, y en lamentable estado de depresión. Si vemos los libros sagrados nos daremos cuenta fácilmente que para que nuestros profetas pudieran recibir la gratificante revelación de Ha Kadosh Baruj Hu, tenían que estar en un estado de alegría, con un espíritu elevado y contento. Se hacían acompañar a veces de personas que portaban instrumentos musicales o bien cuando se sentía abatidos, se procuraban de alguna manera músicos que alegrara su espíritu. Me recuerdo en este momento al rey David, cuando se hacía tocar el arpa para tranquilizarse.

Aclarado el punto y estando en un estado óptimo para acercarnos al Santo, el otroaspecto que debemos establecer y considerar es ¿qué le vamos a decir a Hashem? Pues bien, si asumimos que El está tan distante de nosotros que no nos es posible contactarlo, o que somos tan indignos que nunca se nos acercará, estamos a priori estableciendo una radical barrera entre nosotros y el Santo, por lo que primero que nada debemos desterrar esta actitud. Debemos acercarnos a Hashem con temor santo y reverente pero como quien se acerca a un amigo, a una persona muy apreciada con la cual vamos a tener una larga y profunda conversación. Cuando acudimos a un amigo muy estimado, nos sentimos en confianza y empezamos a contarle con lujo de detalles todas nuestras cosas. Le decimos a nuestro amigo lo que sentimos, lo que nos sucede, le expresamos nuestro dolor o en su defecto pues también nuestra alegría. Entonces, si lo hacemos con un amigo o amiga muy cercano, ¿por qué no lo hacemos con Hashem? ¿No es acaso El, el máximo amigo o confidente que ser humano pueda acaso tener? ¿No nos conoce El mejor incluso que nuestras benditas madres? Y ¿por qué entonces no nos acercamos a El en Hidbodedut?

Este acercamiento debe ser sincero, franco, le podemos contar todo lo que nos sucede, lo que queremos, nuestros deseos, nuestros proyectos ¿a quién mejor que Hashem podemos contar nuestras cosas?

Abriendo nuestros corazones y nuestras almas logramos hacer posible que El permée todas las partículas de nuestro ser, que nos inunde de Su Luz y que poco a poco nos vaya convirtiendo en SERES DE LUZ, en personas dependientes de El. La conversación con El tiene que ser repito, franca, abierta, sincera, de la mejor manera que nos salga, de manera espontánea, simple y llana, sin mucho adorno o complicadas oraciones y frases que quizás más bien nos puedan confundir. Con ojos cerrados o abiertos, en una habitación o campo abierto, en un autobús o bien cuando nos retiramos a descansar, cualquier momento y lugar es bueno, lo que verdaderamente importa es que nos comuniquemos con El y le hagamos sentir que lo necesitamos, que El es el centro de nuestras vidas, el eje que comanda nuestra existencia.

El arte de conversar con HaShem debe hacerse hábito en nosotros, debe darse a diario de manera fluida, de una manera natural, sincera y que de nosotros fluya libremente lo que sentimos.

Sin embargo a veces sucede que estamos secos, como decía al inicio, sin agua de ese Manantial Santo, cansados del camino, rodeados de tunas y de un calor quemante, deshidratados de tanto sufrir y no tenemos fuerzas siquiera para ponernos en pie empero sedientos de El. En esos momentos que no tenemos nada que decirle a Hashem, que no podemos decirle nada porque nos sentimos demasiado abatidos, agotados quizás por el llanto o la gravedad de un problema concreto, lo mejor es pararse frente a Hashem y nada más decirle: "Hashem aquí estoy", el SILENCIO que viene será el que te reconfortará. Hashem lee todo lo que nuestro ser expresa y a veces, como en estos casos, no es necesario decir nada, solo pararse ante EL y hacerle ver que allí estamos. Un largo y profundo silencio a veces es mejor que mil palabras, cuando el alma es la que habla, la boca debe callar.

Estimados amigos, animémonos a compartir nuestras experiencias y a nutrirnos mutuamente, a reconfortarnos los unos con los otros, a ser cada uno de nosotros un hombro desinteresado o sincero en el cual apoyarnos y cumplir la máxima que dice: "todo judío es responsable por cada judío", solo así haremos posible que nos sensibilicemos y hagamos una realidad la Gueulá y la pronta venida de nuestro ansiado Meshía. Envianos Abba a nuestro Meshía que alivie nuestras penas. AMEN

Gabriel

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