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por Gabriel

ABRAHAM AVINU Y LOS IDOLOS DE SU PADRE

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra idolatría se define como: adoración que se da a los ídolos. Ahora bien esta definición nos lleva a definir la palabra ídolo, la cual con base en el mismo Diccionario significa: “imagen de una deidad objeto de culto” Desde tiempos inmemorables el hombre ha reconocido su marcada debilidad ante su entorno vital, lo que lo ha empujado lastimosamente a depositar su confianza en ídolos, en objetos materiales a los cuales le rinde culto o delega cierta autoridad de protección. Es decir, deposita su confianza en un objeto material tallado por el hombre o bien alguna forma moldeada por la naturaleza a la que atribuye cualidades especiales y cuyo culto le atraerá beneficios que se manifestarán en la vida real como abundancia, salud y muchas cosas más. Pareciera ser una tendencia nata del hombre a buscar una protección de las cosas que no puede manejar, en ciertos objetos de piedra, cerámica o barro o de algún otro material.

Esta debilidad de ser humano pierde sus orígenes en el tiempo ya que desde entonces, el hombre ha tenido una marcada tendencia a poner su destino en manos de este tipo de objetos de idolatría. Sin embargo y en contra de lo que la mayoría había tenido como una práctica común, como un uso social muy arraigado y convertido en algo cotidiano, un hombre rompió con todos estos paradigmas y se atrevió a nadar corriente arriba y a desechar lo que la mayoría aceptada como una ineluctable realidad. A pesar de haber nacido y criado en un hogar de idolatría, más aún en un hogar donde se construían ídolos para la venta, donde su manutención dependía de la elaboración de ellos y de su venta, se atrevió a romper con esta atadura y reconocer la falsedad de la misma y empezar cuesta arriba a convencer a los demás de la existencia de un solo Di-s, de un solo Creador. Me refiero a nuestro padre Abram más tarde conocido como Abraham.

El Midrash nos relata una preciosa anécdota de nuestro padre Abraham donde un día fue encargado por su padre Teraj de atender a los clientes que llegaran a la tienda de idolatría que su padre poseía. Teraj tenía que ausentarse de la tienda y encargó a su hijo para que si apareciera algún cliente le vendiera uno o los ídolos que quisiera. Se nos cuenta que un hombre acaudalado se hizo presente en la tienda y le dijo a Abram que le vendiera un ídolo, el más caro que tuviese, posiblemente creyendo que en precio influía en la calidad de sus milagros. Lo cierto es que Abram en silencio le facilitó el más grande y caro de los ídolos que tenían disponibles en ese momento. El hombre se manifestó conforme a lo cual Abram le inquirió: “Dígame señor, cuántos años tiene usted? A lo cual el hombre le respondió: “Tengo cincuenta”. Abram se le quedó mirando profundamente y le dijo: “Y no tiene vergüenza de adorar a un dios que tiene solamente un día de vida? Mi padre lo terminó de hacer ayer” (1) El hombre sumamente perturbado regresó su dinero al bolsillo y se marchó.

Rato después una anciana mujer se hizo presente en la tienda familiar. Estaba sumamente triste y abatida por cuanto unos malhechores habían irrumpido en su casa y se habían llevado sus dioses.

Abram con mirada desafiante volvió su rostro hacia la anciana y de manera directa le dijo: “¿Ah si? Si sus dioses fueron incapaces de protegerse a si mismos de los ladrones ¿cómo pretende que la protejan a usted?

La mujer bajó la cabeza y se quedó pensando, al poco tiempo reflexionó e inquirió a Abram y le dijo: “Tiene usted razón. Pero ¿a quién hemos de servir? De inmediato Abram le respondió: “Al Creador de los cielos y la tierra, quien nos creó a usted y a mi” La anciana se marchó sin llevar ningún ídolo. (2)

Más tarde se hizo presente en la tienda una mujer quien llevaba un recipiente lleno de harina cuyo propósito era entregarla a los dioses como ofrenda. Abram tomó un hacha y golpeó hasta romperlos, todos los ídolos de la tienda excepto el más grande, el de mayor tamaño y puso el hacha recostada al ídolo. Tiempo después su padre Teraj regresó a la tienda y al ver el desorden le preguntó a su hijo Abram acerca de lo ocurrido. “Qué pasó aquí? Abram con mucha calma le respondió: “Por qué de ocultarte la verdad?

“Mientras estabas fuera, una mujer trajo harina para ofrecer a los dioses. Cada uno quería ser el primero en recibirla. El grande recibió insultos y entonces tomó un hacha y rompió todos los otros” Teraj se molestó y de inmediato con voz desafiante le respondió:”¿Qué tontería es esa? Tu sabes perfectamente que ellos no hablan ni se mueven” a lo cual Abram replicó de inmediato: “¡Ah si! Te pido que pienses en lo que dices. ¿Por qué les sirves entonces?... (3)

Estas referencias del Midrash nos aclaran la manera tan diáfana que pensaba Abraham, lo seguro que estaba acerca del verdadero Creador y a Quien debía rendirse el verdadero culto y la manera tan valiente y decidida que defendió su creencia.

Hoy día que de alguna manera estamos sometidos a muchos y muy distintos sistemas de idolatría (tv, juegos de computo, teléfonos celulares y el internet mismo) debemos tomar muy en cuenta las valoraciones y razonamientos de nuestro padre Abraham esgrimidos por él hace ya miles de años.

Gabriel 

  • 1.- Midrash Hagadol 11,28
  • 2.- Bereshit Rabá 38,19; Bet Hamidrash Seder 1
  • 3.- Bereshit Rabá 38:19
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