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Volcando la “Basura” en otros

Hace un tiempo iba en el carro manejando y había un carro detrás del mío que tocaba la corneta, pero había trafico y no me iba a colocar en el otro canal para que él pasara, porque también estaba congestionado. El señor tocaba la corneta y me hacia gestos con la mano para que me quitara. Haciendo maniobras para pasarme se fue acercando a mi auto hasta que le dio un golpe y lo chocó por detrás. Me molesté y cuando me iba a bajar, mi hija, que iba conmigo, me pidió que no lo hiciera. Sin embargo estaba ya muy molesta con él y quería decirle varias cosas; él también se bajó, pero con un palo en la mano moviéndolo y agitándolo. La ira se le dibujaba en las facciones de la cara, además de decirme palabras realmente fuertes. Traté de explicarle que la culpa era de él, ya que él era el que le había pegado a mi carro y no yo al de él, pero el hombre no razonaba. Con el palo comenzó a golpear mi carro, pensé que el próximo paso era agredirme, así que fui poniendo distancia mientras el hombre gritaba y golpeaba mi carro y por supuesto me quedé callada, igual no me escuchaba.

El hombre estaba furioso, iracundo, me di cuenta que fui su “chivo expiatorio”. Pagué yo las consecuencias de sus rabias contenidas, por sus problemas acumulados, parecía un gran camión de basura, botando por la boca toda la “basura” contenida, quién sabe por cuanto tiempo. Después de unos minutos se fue calmando y fue entrando en razón, además que se habían aglomerado varias personas, creo que para ver si me pegaba o no. Vio a mi carro y al ver a una niña sentada y darse cuenta que era desproporcional su reacción, se volvió de repente, se montó en su carro y se fue, sin agregar una sola palabra más. Igualmente me monte en mi carro y mi hija me dijo:” ¿Qué ganaste? Ese hombre nos pudo haber golpeado y me dejas aquí sola sin saber qué hacer.
Me di cuenta que ese hombre venía con otros problemas y los vació con mi carro y conmigo, le prometí a mi hija que no volvería a suceder.

Es una situación muy común, la vemos en los bancos, consultorios, mercados y puede que en nuestras propias casas, gente que llega y se descarga con empleados o clientes y como camiones de basura voltean su contenido encima de otros. Una debería tratar de no engancharse para que se fueran a volcar su “basura” en otro lado.

No permitas que otros volteen su basura sobre ti y tampoco lo hagas tú con los demás. La ira y la rabia son sentimientos que toman espacio de nuestro ser y nos hace capaces de cometer muchas tonterías, que van desde descargarnos con alguien hasta agredir físicamente a otras personas.

El Rav Israel Salanter, decía que la ira constituía un “veneno” espiritual.
El Rey Salomón aconsejaba que no se asocien con un hombre de mal carácter y no acercarse a un hombre preso de cólera (Prov. 22-24-25). La ira es además contagiosa al unirse con una persona iracunda otra persona podrá también adoptar su naturaleza. (Hirsch, Mishlei pág.193).

Mientras que un comentario provocativo puede encender la ira en una persona, aún la más intensa furia puede calmarse con una palabra amable. ”Una respuesta amable aleja la cólera, pero una palabra inquietante inflama la ira” (proverbios 15:1). El devolver a una mala palabra, con algo gracioso actuar como agua derramada en una llama, atenuándola o hasta extinguiéndola esa rabia.
Una vez mi mamá iba manejando y como persona mayor lo hacía lento. Un joven apurado tocaba repetidamente la corneta, así que mi madre se hizo de lado para que pasara. El joven pasó y se paró al lado del carro de mi madre y le grito”: !Vieja tenías que ser!” A lo que mi madre le respondió: ”Por manejar así, con cuidado es que llegué a vieja”. El joven apenado, le pidió disculpa a mi mamá y sonriéndole le pidió que siguiera delante de él.

Si bien hay veces que estamos sobrecargados, preocupados, estresados, debemos buscar canalizar es tipo de “energía”, procesarlo de una manera positiva, evitar confrontaciones o discusiones hasta que estemos mas calmados; tratando de hacer cierre de situaciones, descartando lo que no sirve, ir calmándonos escuchando música, leyendo algo, rezando ,meditando, haciendo algún tipo de actividad física para canalizar y desechar esa ira que de alguna forma nos sobrecarga sin ningún beneficio, ni físico, ni mental.
En el Sefer Jareidim (Teshuva, cap. 4) expresa que el alma es un fragmento de Di-os que no puede tolerar la ira. Cuando una persona sucumbe ante la furia incontrolada, su alma lo abandona en cierto sentido, dejando tras de sí un vacío que se llena de más ira, rabia, frustración, agresión y posteriormente de culpa.

No dejemos espacios vacíos en esa alma divina cuya real naturaleza es la de conectarse con sus propia esencia, para así, ir logrando con apoyo mutuo y sin ira, ni envidia, ni rabia, creando una energía y un ambiente que logren una armonía universal y hacer de este mundo una real morada (hogar) para Di-os.

Nelly Kaufman de Klein

 

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