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¡SOCORRO! ¡Tengo un hijo adolescente!

La sociedad tiende a observar a la adolescencia como una etapa crítica. Una metamorfosis que poco a poco va sembrando más dudas en cómo manejar a esos “pequeños grandes”, que del día a la noche pasaron de ser niños a “menos niños”.

Si bien son innegables los cambios psíquicos y físicos que se manifiestan en la pubertad, no es cierto que esta etapa debiera ser inevitablemente conflictiva (¿quizá porque nos imaginamos cómo la vivimos nosotros cuando nos tocó transitar ese período?).

Todo depende de cuán preparados esté el entorno del adolescente (padres, maestros, directores) y cuánta predisposición exista por parte del joven para una correcta adaptación al medio.

Desde el punto de vista físico, es fundamental la información, que el chico tenga una idea clara de qué anda pasando con su organismo. Que sus padres se sienten con él y le expliquen por qué de repente su tono de voz se agravó, o por qué le salieron granitos en la cara (y no sólo por comer chocolate…) que tendrá un tiempo, que no serán eternos…

Creo que este paso se torna demasiado embarazoso para los padres (¿quizá sea pudor?, ¿quizá sea por no tener todas las respuestas a todas las preguntas?) y es aquí donde, justamente, deben hacer hincapié, aprovechando la oportunidad para crear un vínculo de confianza con sus hijos, que ellos sientan que sus padres están con ellos en esta etapa, que tendrán a dónde dirigirse ante alguna inquietud.

Suele ocurrir una paradoja desconcertante: por un lado, los “antiguos niños” se sienten independientes, que todo lo pueden, que “ya saben” cómo hacer tal o cual cosa, que no necesitan de sus padres (“dejame tranquilo, ¡yo sé cómo es esto!”); pero por el otro, precisan de ellos para sus gastos económicos, para que los lleven a tal o cual lugar, para que les enseñen a manejar, etc.

Es aquí cuando debemos aprovechar la oportunidad para brindarles todo nuestro apoyo incondicional (cuando las demandas sean medianamente alcanzables, tampoco se trata de darle todo lo que exijan…), sin tener en cuenta la “falsa independencia” que solían pregonar. “¿Viste que solo no podés?”, “¿te das cuenta que necesitás que te ayudemos?”, “a ver, ¿no era que vos sabías todo?”. ¡ERROR!

Si los aceptamos tal cual son, ellos solitos van a deducir ese aprendizaje, dándose cuenta que hay cosas que pueden hacer sin ayuda, pero tantas otras que aun no.

Afuera hay que dejar la “bronca” o el sermón que viene al pie del cañón para demostrarles que nos necesitan. Ellos lo saben (¡y muy bien!). No podemos ponernos a la “altura” de la situación, ni tampoco reaccionar para saciar nuestra sed de reconocimiento (léase: búsqueda de amor).

Seamos inteligentes, tengamos paciencia y pongamos todo nuestro esfuerzo para estar cerca de ellos. Creamos o no, nos necesitan. Y mucho…

Clr. Alan Owsiany
Consultor Psicológico



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http://reflexionando21.blogspot.com/


Alan J. Owsiany es Consultor Psicológico (Counselor). Al terminar sus estudios de bachillerato, estudió 1 año en Yeshivat "Kneset Jizkiahu" - Kfar Jasidim (Rejasim, Israel).

Desde la psicología humanística existencial (enfoque al que toma como columna vertebral), se esmera en aplicar su profesión dentro del marco de la Torá y las mitzvot.

Actualmente desarrolla tareas como docente integrador y acompañante terapéutico en escuelas ortodoxas de la comunidad.

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