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Hoshaná Rabá: ¿A quién quieres “dar vuelta”?


Nuestros sabios nos enseñaron que cada festividad que se nos presenta, viene a dejarnos un mensaje orientador. Nos atraviesa con el fin de aportar y marcar algún tipo de huella en nuestro interior. La finalidad del mismo es que tomemos enseñanza, abstraer esa fuerza especial que brinda cada conmemoración específica, para transcurrir todo el año. Por ejemplo, Pesaj es la fiesta de la “emuná” (Fe), Shavuot representa la festividad del recibimiento de la Torá, simbolizando la responsabilidad que tenemos como judíos al aceptar por Motus propio el legado bíblico. Esas energías celestiales que se hacen presentes en dichas fechas, deben impulsarnos a mantener aquel nivel durante todo el año. “Llenamos el tanque” para que aquella “gasolina” nos alcance hasta –mínimamente- el regreso de esa misma festividad, al año siguiente.
Si bien Sucot está representada en la Torá como “la fiesta de la alegría” (Vaikrá 33:40), en el último día de esta festividad, denominada “Hoshaná Rabá”, podemos concluir con otras enseñanzas valiosas no menores que la alegría.

¿Qué significa “Hoshaná Rabá”?
Cuando el Templo Sagrado estaba en pie, grandes ramas de sauce eran llevadas y apoyadas sobre el altar durante Sucot. El shofar sonaba y los Cohanim caminaban alrededor del altar y recitaban la plegaría de "hosha na" – "Por favor trae la salvación". Entonces entraba la gente y agitaba las aravot (hojas de sauce).

En el séptimo día de Sucot, éstas ramas eran llevadas incluso si era Shabat, y el altar era rodeado siete veces. Para recordar este precepto en la sinagoga, caminamos alrededor de la bimá una vez cada día y siete veces en el séptimo día de Sucot. De allí, “Hoshaná Rabá”, es decir “Hoshaná grande”, por la diferencia numérica de vueltas del séptimo día respecto a los demás (fuente: http://www.aishlatino.com/h/su/4e/48421257.html)

La vida misma es un camino… “se hace camino al andar”, diría un poeta reconocido.
Más largo para unos, más corto para otros pero camino al fin. Camino que muchas veces se llena de cantos y escollos, momentos en los que se deberá contemplar la paciencia y calma como piedras fundamentales, básicas.
El Rey David nos enseña: “Los días de nuestra vida llegan a setenta años; y en caso de mayor vigor, a ochenta años…” (Salmos 90:10).
Cabe aclarar que esta edad es su tope máximo, pues si contemplamos las enfermedades terminales, ellas no conocen ni difieren de religión ni edad.

Así es como en esta festividad rodeamos la bimá en 7 oportunidades, aludiendo a los 7 días de la semana. Así también, el camino denominado “vida” que debemos transitar a diario, tiene una duración de 70 años.

En experiencia personal les puedo contar, que al llegar esta festividad me pregunto qué tantos pisotones y empujones recibiré en cada oportunidad, en cada vuelta (sin contar los “lulavazos” en la cabeza que se reciben, al poseer en la otra mano el libro de plegarias, imposibilitando mirar hacia delante…)
Y sí, gracias a Di-s la comunidad a la que concurro posee muchos integrantes, quedando chico el espacio para que tantas personas rodeen al mismo tiempo a una simple bimá.
De todas maneras, por más apretados que transitemos ese “camino”, siempre hay lugar para todos. No me queda muy claro a ciencia cierta cómo esto es posible, pero finalmente nadie se queda sin realizar el ritual.

Quizá mi acostumbramiento a los mensajes del exterior, los cuales nos viven enviando señales de egocentrismo y confort personal, provoque que me formule esta misma pregunta cada año. Porque, a fin de cuentas, esta festividad nos viene a marcar; a transmitir un mensaje:
Si bien cada individuo posee su ideología y su propia manera de ver las cosas, aun así, hay lugar para todos. Apretados pero unidos. Camino estrecho pero con ganas de dar cabida y lugar a los demás. Podemos evitar los “choques” respetando otras maneras de pensar que no sean las nuestras. Aceptar la diversidad comenzando a convivir con ella.

En el rol de “agresores”, debemos ser concientes que aun acurrucados y con ansías de realizar las costumbres de nuestros ancestros, eso no nos da derecho para no contemplar a otro que vive a nuestro lado. Podemos realizar más mitzvot cuidándonos de no atropellar a nuestro compañero, no chocando nuestros “lulavim”, no pisando sus zapatos (preceptos netamente de la Torá: "Amarás a tu prójimo como a tí mismo" - Vaikrá 19:18), antes que cumplir con una tradición que, si bien no por ello es “menor”, no justifica sobreponerse al precepto del cuidado del prójimo.
Analizando bien la situación saldría que una persona podría cumplir más preceptos de la Torá sin realizar el ritual de las vueltas pero no arrollando a su compañero, que otro individuo que lo efectúa con suma meticulosidad y constancia, pero descuidando el trato con el prójimo.

Las personas nos tornamos puntillosas y escrupulosas con la selección del juego de Arvat Haminim (cuatro especies). “¡Dichosos de ellos Israel!, ¿Quién hay cómo Tú en la tierra?”. Pero, qué bueno sería que intentemos esforzarnos con el mismo esmero que lo hacemos una vez al año y con los Arvat Haminim, durante toda nuestra vida. Teniendo en cuenta que el precepto de las cuatro especies es solamente obligatorio por la Torá en el primer día y se cumple otros seis días por orden de los Sabios… ¡el precepto del cuidado al prójimo rige durante todo el año y como precepto explícito de la Torá!
Como buenos judíos que somos… ¡estamos desperdiciando un “negocio” increíble!

Es frecuente observar a personas que no compraron su juego de especies.
Por problemas económicos, de tiempo o simplemente apatía hacia las tradiciones.
Y aquí erradica nuestro trabajo: no solamente fijarse en MI precepto, en MI juego de especies... ir más allá del “MI”, dirigiéndose hacia un NOSOTROS. Ser observadores y percibir qué persona no posee el set (por el motivo que sea), para correr y ofrecerle el nuestro. ¡Otro precepto de la Torá en una costumbre de los profetas!
Esto es lo que nos enseña Rabí en el Pirké Avot (2:1): “Calcula la pérdida que conlleva una mitzvá en contraposición con su recompensa, y la ganancia de una transgresión en contraposición con su pérdida”.
Seamos inteligentes y calculadores.

En una oportunidad una persona le preguntó al Rab Israel Salanter ZZ”L: “querido Rabino, me gustaría que me aconsejara qué `kavaná` (intención, pensamiento) efectuar al vestirme el `talet`. ¿Qué me recomienda?”. A lo que el erudito respondió: “trata de pensar en que, cuando te envuelvas en él, no golpees con los flecos (tzitzit) a tu compañero que se encuentra detrás de ti. Esa es la mejor `kavaná` que puedes pensar…”

En las cuatro especies tenemos representados a cada grupo determinado de personas:

a) Etrog (cidro): posee gusto y aroma. Apunta a los individuos que estudian Torá y se comportan con buenas cualidades.
b) Lulav (palma de palmera): tiene gusto pero no aroma. Representa las personas que tienen sabiduría pero no actos de bien.
c) Adás (mirto): tiene una buena fragancia, pero no es comestible. Representa una persona que tiene buenos actos, pero no tiene sabiduría.
d) Aravá (sauce): no tiene ni sabor ni olor. Se trata de una persona que no tiene ni buenas obras ni tampoco la sabiduría de la Torá.

Justamente la idea y el mensaje de juntar las cuatro especies es fomentar la integración entre el pueblo de Israel, independientemente del nivel físico-espiritual de cada uno. Todos somos iguales antes Di-s. Eso mismo intentemos hacer: integrar a aquellos que no poseen las especies, para que no pasen un momento de “calor” cuando los demás congregantes saquen sus preciados y cuidados sets. Para que no queden excluidos e incómodos.

Créanme que después de tantas vueltas con las cuatro especies, con textos tan largos, indefectiblemente las manos quedan marcadas… Es que este mensaje de unión debe marcar nuestros corazones por siempre, para cualquier situación que se nos presente. ¡No solamente para esta ocasión!

Contemplemos que antes de las famosas “vueltas”, venimos despiertos durante toda la noche estudiando Torá.
Así que la ansiedad generalizada por terminar lo antes posible para irse a dormir, es muy alta. Quizá por la situación se pueda comprender a las personas un poco más, pero este es un mensaje que nos envían a cada momento: nadie puede esperar; todo debe ser YA, en este momento. Si llega a pasar este segundo, ya no tienes oferta. Debe ser YA. Ahora. Ahora y no después. Después es nunca (no sea cosa que le den tiempo a las personas de pensar lo que adquirirán y luego se arrepientan…)

Todo tiene que ser rápido. ¡Instantáneo! Las mensajerías, comunicaciones, emails, iphone, blackberrys, redes socilaes, todo el tiempo comunicados y a velocidades inimaginables hace pocos años.

Es cierto, uno está muy fastidioso por la situación. El sueño es una necesidad de las más básicas que tenemos los humanos. Pero… es fácil convivir cuando nadie nos molesta. Muy simplista es afirmar: “yo busco la paz pero siempre y cuando no me hagan nada, pero sino…”
Justamente, el mérito erradica cuando, a pesar que buscan fastidiarte, luchas contra eso y buscas la paz. Es lo que nos enseña el Pirké Avot (1:12): “Hilel dice: Pertenece a los alumnos de Aharón, ama la paz y persigue la paz, ama a las personas y acércalas a la Torá". No está escrito “HAZ LA PAZ”, sino “PERSIGUE LA PAZ”. Aun cuando ella no venga sola, ¡tú debes correr tras ella!

Por suerte existe una costumbre al final del rezo de “Hoshaná Rabá” (con orígenes en los profetas), la cual consiste en golpear cinco ramas de sauce contra un árbol (“Javatá”).
El motivo es muy profundo, solamente los grandes sabios de Israel lo pueden comprender (“Sefer Hatodahá”, página 147).
Pero… ¡nos sirve para descargarnos de todo el fastidio acumulado, con otra “cosa” que no sea nuestro compañero!

No en vano se nos obligó estar contentos puntualmente en Sucot, situación que la Torá no menciona sino exclusivamente en esta festividad. La Sucá es una pequeña cabaña construida con materiales naturales, de no ser así, la misma no tiene validez.
¿Y así podremos estar contentos?, ¿cómo se nos puede exigir alegría cuando estamos abandonando el confort de nuestros propios hogares? Justamente ese es el mensaje: la verdadera alegría erradica cuando somos conscientes que este mundo es pasajero y que no tenemos que depender de factores externos a nuestro propio ser para conseguir la felicidad. Porque, a fin de cuentas, el que tiene todo, no tiene nada, pues, siempre necesita del exterior para poder considerarse “algo”, no parte de su esencia intrínseca. ¿Qué sucederá cuando no tenga ya lo qué adquirir?, o bien, ¿qué ocurrirá cuando aquellos “bienes” algún buen día no los posea más? (la vida da muchas vueltas o, a lo sumo, ¡desconozco hasta el momento mortajas con bolsillos!)

Y para terminar, yo te pregunto, querido lector: y tú, ¿a quién quieres “dar vuelta”: a la vida misma, o al honor de tu compañero?

Alan Owsiany

Untitled Document http://www.alanconsultor.com.ar

http://reflexionando21.blogspot.com/


Alan J. Owsiany es Consultor Psicológico (Counselor). Al terminar sus estudios de bachillerato, estudió 1 año en Yeshivat "Kneset Jizkiahu" - Kfar Jasidim (Rejasim, Israel).

Desde la psicología humanística existencial (enfoque al que toma como columna vertebral), se esmera en aplicar su profesión dentro del marco de la Torá y las mitzvot.

Actualmente desarrolla tareas como docente integrador y acompañante terapéutico en escuelas ortodoxas de la comunidad.

Leilui Nishmat Marat Imí Ameduká Beisurim, Areni Kapará Mishkabá: Silvia Fortuna Mazal Freue de Owsiany bat Farida Z”L

 

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