Celebraciones

Miedo en la oficina: ¿cómo decir lo que se teme decir?

El contexto laboral es bastante complejo. No solamente porque se pone en juego el ingreso económico personal, sino también –y no menos importante-, se juega el prestigio individual, el desempeño social con los demás compañeros de trabajo, entre otras cuestiones.
Si arrojáramos a dos personas de diferentes culturas en una isla, aun con diferentes idiomas, indudablemente llegará un punto en el que comenzarán a comunicarse. Probablemente con señas, ademanes o gestos (recordemos cómo hacemos nosotros cuando viajamos a otro país y no conocemos el dialecto). La realidad es que el humano es en sí, un ser sociable.
Entendiendo que lo social es fundamental para la estructura yoica, ¿cómo se procede en casos de discordia, cuando se quiere decir algo pero se teme a la crítica punitiva –ya sea por parte de los compañeros de trabajo como de los jefes-, poniéndose en jaque tantos elementos?
Lógicamente la reacción de los demás no está en nuestras manos. Muchas veces podemos decir las cosas de buena manera y, aun así, recibir comentarios descalificadores y punzantes. Empero, si internalizamos los siguientes tips, probablemente sea más fácil para el receptor escuchar nuestros comentarios.

• Lo objetivo por lo subjetivo. La observación por la evaluación.
Al relatar una situación, podemos optar por dar un calificativo personal, como así también, contar los hechos como fueron, sin condimentos. Un claro ejemplo podría ser al observar a un niño saltar en la cama de sus padres, cuando él sabía que estaba prohibido. Su progenitor puede reprocharlo: “¿por qué hiciste lío en mi habitación? ¡Te portaste muy mal!” (subjetivo). O de la siguiente manera: “vi que estabas saltando en mi cama, ¿recuerdas que hablamos que estaba prohibido?”.
Lo que diferencia una forma de la otra, no es la sanción en sí, sino cómo se expresa la misma. No es el “qué” sino el “cómo”.
¿Y por qué es fundamental la forma? Porque hablando lo más objetivamente posible, el interlocutor no puede negar lo innegable (que estaba saltando), mientras sí puede discutir si aquel acto se llama “hace lío” o “portarse mal” (subjetivo).
También es una manera de bajar las “defensas” del receptor, ya que no se lo acusa con adjetivos calificativos, sino de una manera más neutral y contando hechos, no interpretaciones.

• Autoconocimiento personal.
Marshall Rosenberg afirma que las personas utilizamos la violencia verbal cuando no reconocemos estrategias más efectivas para satisfacer nuestras necesidades. Y son estas agresiones las que desvían la atención de los participantes, lejos de clarificar qué necesita cada uno de ellos. Cuando el ser humano realiza una petición, por naturaleza esconde detrás una necesidad. Debemos ser inteligentes y leernos entre líneas.
Pero para ello es muy necesario conocernos internamente. Es una tarea imposible investigar qué queremos, cuando nos conocemos poco.

• Hacer foco.
Oraciones largas o con argumentos demasiados rebuscados, hacen perder el hilo al receptor, que, en muchas oportunidades, no dispone de suficiente tiempo para oír. No solamente porque es un factor que escasea a nivel laboral (o dicen que escasea), sino también, porque cada vez hay menos tolerancia a la espera, ya sea en el trabajo, como en diferentes esferas de la vida cotidiana. En los tiempos que corren, nada menos aconsejable que ser extenso y poco concreto.

• Plantear parte de la solución.
Así como es más fácil hacer añicos una copa de cristal que fabricarla, así también es más simple criticar que postular algo nuevo.
De por sí marcar una falencia genera una barrera defensiva al escucharla, ya que –puede ser interpretada como que- el emisor demuestra su astucia y capacidad para encontrarla. Resultando ser una manera cómoda de espectador, pero sin intenciones de crear ni ser innovador.
Pero si la crítica es realizada con la menor cantidad de adjetivos calificativos posible y, sumado a ello, se piensa de antemano alguna posible solución, seguramente tenga un mejor impacto para el receptor.

Claramente las relaciones humanas no dependen de 3, 4 o 10 tips, son bastantes más complejas. Pero si intentamos demostrar un cambio en la manera de comunicarnos, seguramente tengamos mejores resultados. Tal como en una oportunidad dijo Albert Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.
Alan Owsiany
Consultor Psicológico

Untitled Document http://www.alanconsultor.com.ar

http://reflexionando21.blogspot.com/


Alan J. Owsiany es Consultor Psicológico (Counselor). Al terminar sus estudios de bachillerato, estudió 1 año en Yeshivat "Kneset Jizkiahu" - Kfar Jasidim (Rejasim, Israel).

Desde la psicología humanística existencial (enfoque al que toma como columna vertebral), se esmera en aplicar su profesión dentro del marco de la Torá y las mitzvot.

Actualmente desarrolla tareas como docente integrador y acompañante terapéutico en escuelas ortodoxas de la comunidad.

 

Últimos artículos publicados  
Recomendado
Redes Sociales
Imperdible
Seguimiento
Novedad
Buena onda
Editoriales
Entretenido
Sensacional
Videos Alegres
Shabat
 
 
 


Copyright 2007 Todos los derechos reservados
Judaismo Virtual

 

fin

Esta pagina ha sido visitada veces