Celebraciones

Janucá: el Griego Interior

El individuo nace, vive, se reproduce y –en el tiempo que Di-s dispone- muere en sociedad. Por naturaleza el individuo es un ser sociable.
Los husos, normas y costumbres condicionan la vida de los seres humanos sobremanera, aun sin él mismo ser conciente de aquello. Modas, líderes, actores, actrices, modelos a seguir, sólo por mencionar algunos.

¿Decidimos consumir aquello porque lo necesitábamos?, ¿o porque observamos a otro tantos famosos que lo adquirieron, porque la tendencia marca tal o cual cosa?

Ya lo teorizó el psicólogo estadounidense Abraham Maslow: la necesidad de pertenencia constituye una necesidad básica en nosotros, los humanos.

Pero… ¿qué somos capaces de hacer con tal de pertenecer?, ¿seremos concientes a qué nos arriesgamos cuando no decidimos desde nuestra esencia intrínseca?

Estamos transcurriendo la festividad de Janucá.
Unos pocos campesinos vencieron a un imperio griego preponderante. Verdaderos caballeros con armaduras de acero fueron vencidos por manos de inexperimentados guerreros, que no tenían noción de cómo manejar un arma.

Los griegos querían aniquilarnos como pueblo. Nos dejaban con vida pero con la condición que abandonemos nuestras costumbres. Ellos deseaban la asimilación de todo el pueblo judío. Que no quede rastro alguno. No pudieron. Di-s no los dejó.

¿Podríamos afirmar hoy, en el siglo XXI, que el enemigo realmente desapareció?, ¿pudimos vencerlos en todo sentido de la palabra?

Cuando nos encontramos con mismos judíos a los que les avergüenza el hecho de vestir una kipá, de cumplir Shabat o colocarse los Tefilín abiertamente (“mejor póntelos en esta habitación así la empleada no te ve”), ¡estamos frente a esos mismos griegos que quisieron aniquilarnos! “¡Que no se enteren que eres judío! ¿Para qué vas a llamar la atención?, ¡hazte uno de ellos! ¡No te sientas sapo de otro pozo!”.
Lamentablemente ha quedado una grave secuela de aquella ideología, ingresando en nosotros mismos un “griego interior” el cual no nos deja progresar como pueblo.

Por eso se nos indica encender las luminarias de Janucá justamente en las ventanas de nuestros hogares, para demostrar que no tememos demostrarnos como somos, pues la asimilación y las graves consecuencias psicológica que conlleva no actuar como realmente queremos ser, superponiendo nuestros ideales al qué dirán, pondría un eterno punto final a nuestras raíces ancestrales.
Esas pequeñas lucecitas nos dicen: “¡Saca afuera tu judaísmo! ¡Siéntete orgulloso de serlo! ¡No sientas vergüenza!”
Debemos resplandecer y echar luz al exterior lo más que podamos, desde nosotros mismos. Sin copiar a nada ni a nadie.

El mismo aceite con el cual encendemos las candelas nos enseña que no debemos mezclarnos con otras corrientes ideológicas, tal como esta sustancia no lo hace con otras (si bien está permitido encender el candelabro con velas, el precepto se cumple de mejor manera con aceite –en lo posible de oliva-, ya que el milagro de las luminarias ocurrió con este óleo).

Lustremos nuestros corazones, saquémosle brillo a nuestras almas, encendamos nuestro espíritu judío, pero antes… ¿ya haz eliminado a tu propio “griego interior”?

Alan Owsiany

Untitled Document http://www.alanconsultor.com.ar

http://reflexionando21.blogspot.com/


Alan J. Owsiany es Consultor Psicológico (Counselor). Al terminar sus estudios de bachillerato, estudió 1 año en Yeshivat "Kneset Jizkiahu" - Kfar Jasidim (Rejasim, Israel).

Desde la psicología humanística existencial (enfoque al que toma como columna vertebral), se esmera en aplicar su profesión dentro del marco de la Torá y las mitzvot.

Actualmente desarrolla tareas como docente integrador y acompañante terapéutico en escuelas ortodoxas de la comunidad.

 

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